Légamo: ''Nunca partimos con un concepto cerrado'' Desde Valparaíso, nos presentan un álbum construido por la deriva Jueves, 14 de Mayo de 2026 La nueva producción de Légamo, "Círculo de Fuego" se construye desde la acumulación de años de ensayo e improvisación, en una práctica compartida donde las ideas se transforman con el tiempo, cruzando lo sonoro y lo narrativo sin partir de un concepto previo. Parte de ese material se expande incluso más allá del disco, en diálogo con el relato "Al encuentro de sí mismo" (disponible en su página web). En conversación con Rockaxis, Franco López (batería) y Bruno Díaz (guitarras) abordan un proceso donde las canciones se definen en la práctica, en un trabajo que tensiona la idea de obra cerrada y la desplaza hacia un movimiento constante. - ¿En qué momento "Círculo de Fuego" dejó de ser un conjunto de canciones y pasó a convertirse en una obra conceptual? - Franco: Lo interesante es que el álbum no nace con un concepto cerrado, sino que eso aparece después, casi de manera accidental. En el proceso de grabación empezó a surgir una historia que no estaba del todo definida, inspirada en el "Tío Factos", un escritor de Perú con el que hicimos un programa. Él nos inventaba relatos delirantes y nos asignaba personajes. De ahí aparece la figura de Jaco, un músico inspirado en Pastorius, que tiene una banda imaginaria muy buena, pero vive en decadencia y busca salir de eso a través de una banda imaginaria. Eso quedó dando vueltas y lo fuimos incorporando sin forzarlo. Las canciones, además, se fueron haciendo en distintos momentos a lo largo de unos tres años, lo que generó una acumulación natural de ideas más que un concepto previo. - ¿Qué vino primero entonces: la música o el relato? - Bruno: La música, siempre. En Légamo al menos, todo parte desde lo sonoro, desde lo instrumental. No es que haya una narrativa previa o una letra que guíe las composiciones, sino más bien una exploración que va generando sensaciones. A partir de eso empezamos a imaginar cosas, imágenes, personajes, ideas sueltas. Incluso hay temas que no tienen letra, pero igual terminan teniendo un nombre porque evocan algo específico en nosotros. Es un proceso más de interpretación emocional de lo que está sonando que una construcción narrativa desde el inicio. - ¿Cómo se retroalimentaron ambos mundos? - Bruno: De una manera muy natural. Empezamos a hacer variaciones, a imaginar dentro de ese mundo. Creo que ahí nos influimos mucho: en esa capacidad de "flashear", de imaginar cosas. De haber tenido más presupuesto, podría haber sido incluso una película. Tenemos esa tendencia a inventar, a construir mundos. - Franco: Somos bien propensos a inventar historias entre nosotros mismos. Hacemos como metaficciones. Siempre estamos creando cosas absurdas, haciendo sketches entre nosotros. Creo que tenemos una veta imaginativa bien fuerte. Nos metemos en un universo y empezamos a jugar con eso. - ¿Y cómo nacen las canciones dentro del proceso? - Bruno: Casi siempre desde la improvisación en los ensayos. Partimos de una idea muy básica, a veces un ritmo o una progresión, y desde ahí cada integrante va aportando desde su lugar. Es muy colaborativo, en el sentido de que no hay una sola dirección fija. Después de que la música ya tiene cierta forma, recién ahí empiezan a aparecer las letras o el concepto más narrativo. Es un proceso bastante orgánico, donde primero aparece el sonido y después se le busca sentido. - Cuando hablan de una "ucronía solarpunk", ¿cómo se traduce esa idea en decisiones sonoras concretas? - Franco: Se conecta con una idea que es medio distópica, pero al mismo tiempo post-distópica. Es como si estuviéramos viviendo una realidad que no es completamente apocalíptica, pero sí tensionada, compleja. Esa sensación termina entrando en la música, aunque no de forma literal. Por ejemplo, en "Círculo de Fuego" yo siento que hay muchas capas temporales chocando entre sí: pasado, futuro, cosas que se enfrentan para tratar de llegar a una especie de equilibrio. Esa idea aparece más como una sensación épica, medio luminosa, pero atravesada por conflicto. - ¿Qué partes del disco nacen desde la improvisación y cuáles desde una composición más estructurada? - Franco: El tema 'Círculo de Fuego' nace directamente desde la improvisación. Después lo fuimos ordenando, pero la base es esa. También hay ideas que existían hace años entre el bajista y yo, cosas muy antiguas que recuperamos y empezamos a conectar con otras improvisaciones. Es como armar un collage en el tiempo. - Bruno: 'Jaco' funciona de manera similar: la última parte es prácticamente improvisada. Y hay temas que vienen de antes, como 'Campanas', que reversionamos desde una canción acústica del Pato Patín, o 'Walve cobra su parte', que viene de otro proyecto, La Onda Imaginaria de la Locura, que comparte integrantes con Légamo. Ahí aparece algo importante, que es tomar material previo y reinsertarlo en este universo sin forzarlo. - En ese sentido, ¿las colaboraciones cambiaron el sonido o la identidad del disco? - Franco: Sí, totalmente. Las colaboraciones no solo suman capas, sino que también terminan moldeando la identidad del disco. Hay influencias directas que aparecen en la forma de tocar, sobre todo en el trabajo del saxo, que se empieza a replicar en distintos temas sin ser algo literal. Pero también hay algo más sutil, que tiene que ver con cómo esas ideas externas se integran al lenguaje de la banda. No es solo sumar elementos, sino que esos elementos empiezan a deformar y expandir el sonido. - Ahora son un sexteto. ¿Eso también influyó en el sonido? - Franco: Sí. Ser seis cambia completamente el sonido. Antes era más compacto y directo; ahora se vuelve más abierto y en constante redefinición, porque cada integrante trae influencias distintas. En vivo eso se intensifica, porque hay una energía muy física, casi como una pequeña orquesta en funcionamiento. También cambia la forma de tocar. Tener dos guitarras, por ejemplo, te obliga a pensar distinto, a dividir roles, a escuchar más al otro. Es una experiencia completamente distinta a lo que hacíamos antes. - ¿Cómo operan las influencias musicales en este disco? ¿Hay referencias claras o es algo más difuso? - Franco: Este disco es más bien la evolución de nuestras influencias. No hay referencias directas, sino años de tocar juntos, de escucharnos como banda y como amigos. Todo eso termina apareciendo en la forma de tocar, sin decir "hagamos algo como esta banda". En la improvisación alguien tira una idea, otro la conecta, y ahí se arma algo que viene de todo ese recorrido. - Bruno: También hay influencias más claras en algunos casos. Por ejemplo, King Crimson siempre está ahí, al menos para mí y para varios en la banda. También hay cosas de The Mars Volta, Nirvana, Fugazi, toda la parte más post-hardcore. Eso se nota, por ejemplo, en 'Campanas', que tiene algo de ese sonido. Igual hay referencias como Daïtro, pero también hay partes del disco que no se parecen en nada a algo específico. - ¿Cómo ven hoy el lugar de la música experimental dentro de la escena chilena? - Franco: Hay más apertura que antes, incluso en espacios más masivos aparecen cosas más experimentales, pero aun así sigue siendo un circuito que se mueve en un espacio bastante reducido. La cultura de internet también ayuda a que haya más acceso a distintos sonidos, pero no necesariamente eso se traduce en visibilidad para todas las propuestas. - Bruno: Creo que lo experimental sigue siendo algo que se mantiene en el under en la mayoría de los casos. Y quizás ahí es donde también ocurre lo más interesante, porque no está tan condicionado por las lógicas de masividad. - Franco: Además, hay una brecha socioeconómica importante. Hay bandas que tienen más acceso a recursos, a redes de difusión, a ciertos circuitos que funcionan de manera más cerrada. Eso genera una desigualdad evidente. Nosotros llevamos hartos años tocando y hemos visto cómo muchas bandas desaparecen en el camino, mientras otras logran mantenerse dentro de esos espacios más visibles. - Ustedes son de Valparaíso. ¿Qué hay de esa ciudad en este álbum que no podría haber nacido en otro lugar? - Franco: Hay muchas cosas. Valparaíso tiene un carácter muy particular, muy crudo también, que inevitablemente atraviesa lo que hacemos. La ciudad, sus calles, su desgaste, la presencia constante de lo precario, la locura, todo eso está ahí de alguna forma. No es algo que se traduzca de manera literal en la música, pero sí en el clima general del disco. Hay algo entre lo oscuro, lo complejo y también momentos de esperanza que vienen de ese mismo entorno. - Bruno: También tiene una escena muy marcada, muy under, con la que compartimos mucho y que incluso excede nuestro propio género quizá, bandas punk, de emo, screamo, hardcore. No es un circuito masivo, sino más bien redes de bandas que se conocen entre sí, que comparten espacios, energías, procesos. Eso también define mucho cómo se construye el proyecto, porque lo mainstream implica otros recursos, otras formas de difusión y producción. - ¿Cuál es entonces el mayor desafío de sostener un proyecto autogestionado desde regiones? - Franco: El principal desafío es sostener la vida misma mientras sostienes la banda. Muchas veces todo funciona en modo resistencia: tiempo, energía, trabajo, todo se mezcla. Si eso no se sostiene, el proyecto se cae solo. Y también hay una dimensión más estratégica, pero siempre intentando no traicionar los principios del proyecto. - Bruno: Claro, porque también hay decisiones políticas ahí. No necesariamente queremos estar en todos los espacios ni en cualquier medio. Por ejemplo, no es algo que nos interese especialmente aparecer en La Tercera. Hay una postura respecto a cómo queremos movernos o a donde queremos llegar, y eso también define los límites de lo que hacemos. - Pero ¿qué tan consciente es esa dimensión? - Franco: Diría que es más bien una dimensión espiritual, en el sentido de que no es algo que planifiquemos: simplemente aparece desde una sensibilidad compartida. También influye venir de Valparaíso, una escena históricamente más contestataria. En este disco hay una preocupación por la defensa de la naturaleza, pero no desde un discurso explícito, sino como una forma de conexión más profunda. La idea es intentar transmitir lo que podría sentirse ante algo como un bosque siendo destruido, más desde las sensaciones que desde lo panfletario. - Independiente de eso, ¿existe una presión por el éxito? - Franco: Sí, existe en algún nivel. Antes de sacar el disco había una sensación de apuesta fuerte, como de "esto tiene que funcionar de alguna forma". No era algo completamente explícito, pero estaba ahí. También porque si no hay crecimiento, las bandas tienden a estancarse, a repetir siempre los mismos espacios y audiencias. Eso desgasta. - Bruno: Para nosotros el éxito no tiene que ver con algo económico necesariamente, sino con poder expandir el proyecto. Tocar en más lugares, compartir con otras bandas, sostenernos en el tiempo. Después de tantos años, también hay una necesidad de que todo ese trabajo tenga algún tipo de continuidad o retorno. Igual, tenemos la sensación de que este disco es como nuestro primer gran salto. Antes habíamos aparecido en medios, por ejemplo, pero no tanto como ahora. Quizá lo interesante es ver que ciertas notas que habla de nosotros destacan el que se esté descentralizando la música más de vanguardia. - ¿Qué expectativas tienen con la gira que están realizando? - Franco: Que nos escuchen en otras ciudades, conocer más gente, otras bandas. Siempre hay bandas increíbles en lugares que uno no conoce, y a veces las descubres en vivo y te vuelan la cabeza. También creemos que la esencia del proyecto está mucho en el vivo. Los discos son como una foto, un registro. Para nosotros son más bien un esqueleto que después en vivo se transforma, se expande, incluso se improvisa. - Bruno: A mí lo que más me motiva es compartir: conocer la identidad musical de otros lugares, esa energía de tocar y recibir de vuelta. Es bonito invitar a más personas a sumarse a lo que hacemos. Y si es posible, dejar una semilla en cada lugar. - En una época dominada por lo inmediato, ¿por qué sigue siendo necesario hacer y escuchar esta música? - Bruno: Este tipo de música, que puede ser intensa o extraña, despierta emociones que muchas veces están reprimidas, sobre todo cuando uno está en la rutina. Esa intensidad abre algo. También es parte de la identidad del proyecto: una carga emocional fuerte que no siempre hemos explicado del todo, pero que tiene que ver con liberar cosas como la oscuridad, la rabia o la locura, con el cuerpo. En algún momento hablamos de la "cura" como idea, como una forma de canalizar eso. Creo que desde ahí la gente puede identificarse con el sonido. - Franco: Porque te cambia la perspectiva emocional. La música experimental te lleva a experimentar con tus propias emociones y pensamientos. Amplía lo que uno espera de la música, pero también de la vida. Légamo, en particular, tiene algo que sacude. Te saca de la normalidad. Es como decir: "podemos hacer las cosas de otra forma". Incluso en lo cotidiano, te invita a romper la rutina. Giordano Antonelli Villavicencio Fotos: Bárbara O. Troncoso Tags #Légamo Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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