Diavol Strain: Persistencia estética y memoria codificada Su nuevo álbum, procesos creativos, escenarios en disputa y más Viernes, 15 de Mayo de 2026 Publicado originalmente en revista Rockaxis #274, abril de 2026. En medio de temporalidades frías e inocuas, la existencia parece abrirse en dos caminos posibles. Para quienes habitan los márgenes, la tibieza nunca ha sido opción, y esto muy bien lo saben en Diavol Strâin. Conversamos con Ignacia Bórquez y Laura Molina sobre “Eterno Retorno”, procesos creativos, escenarios en disputa, y lo que implica sostener una propuesta que no busca acomodarse, sino persistir. Karin Ramírez La posibilidad de pensar a Valparaíso lejos de su colorida belleza turística patrimonial es una cualidad que trasciende la esfera de la lucha constante por el capital. ¿De qué hablamos cuando hablamos de Valparaíso? ¿Cómo se establece el vínculo con el puerto herido, cuando se habita desde los márgenes? Hablar de Valparaíso también evoca pertenencia, y así lo describen Ignacia Bórquez y Laura Molina, artífices de Diavol Strâin, banda que se gestó en el emblemático pub Morgana. Un arraigo simbólico y etéreo. 11 años han pasado desde que las conversaciones sobre lesbofeminismo, postpunk y movimiento riot grrrl tomaron un tinte ético e inspiracional. Hoy, con el lanzamiento de “Eterno Retorno” (2026), esa trayectoria que se inició en el underground porteño se expresa en un álbum más sólido, profundamente esotérico y crítico. Por lo mismo, en las capas intrínsecas de la producción de este nuevo disco, también se deja ver un orgullo genuino, alegría pura que no solo se marca en sus caras, sino que también en su propio relato. «Para mí este álbum, que es el quinto, lo veo con mucho orgullo y siento que muestra el aprendizaje de todos los anteriores. Era sacar lo mejor de cada uno. Aquí donde se marca la diferencia es que ya habíamos generado una identidad sonora... logramos hacer un sello. También fue importante el equipo: nos grabó Pablo Guiadach y logramos contar con el trabajo de William Faith, el padrino del gótico gringo, para la mezcla y masterización», señala Ignacia. Esta posibilidad de consolidar una identidad estética en este quinto álbum deviene de un proceso creativo que avanza en la medida en que ambas reconocen inspiración en el arte presente en su vida cotidiana. En ese tránsito, se entrecruzan imágenes paganas con el brillo de lo etéreo en lo habitual. En palabras de Laura: «Nacha y yo siempre estamos consumiendo algo visual, ya sea una serie o imágenes. Nos pegamos con la fotografía o libros. Por ejemplo, en “Todo el Caos Habita Aquí” (2018), estábamos súper pegadas con la anatomía y la idea de lo corporal conectado con lo extraterrenal y lo místico». A esto, se suma que el arte de “Eterno Retorno” es una obra de Zaida González. «Estamos enormemente felices de poder contar con la participación de una fotógrafa y artista visual como ella, a quien admiramos un montón desde hace ya varios años, siendo un referente de la fotografía análoga queer-disidente, y quien supo plasmar desde su técnica la idea que estuvimos trabajando por varios meses», señalaron en una publicación de Instagram. Estética, simbolismo y contenido crítico: Más allá de los márgenes Una de las claves que emerge desde la construcción estética es comprender y trabajar la producción visual como un catalizador de reflexión. En esa línea, Ignacia comenta: «Para el video ‘Elegía del horror’ conectamos con una artista visual que hacía una litografía geométrica; calzaba demasiado bien con la oscuridad y el universo. Y en ‘Viper amortis’ empezamos a lanzar un rollo de que somos conspiranoicas, porque todo esto de Epstein y lo que empezó a salir a la luz son cosas que nosotras sabíamos hace tiempo. Habla mucho sobre el poder, sobre cómo ciertos poderes dominan el mundo desde un lado que ni siquiera tiene que ser un rostro visible. Queríamos hacer música que te invite a reflexionar, que te invite a generar un punto de vista crítico». En tiempos de inmediatez, la reflexión se vuelve el primer eslabón de rebeldía. La posibilidad de abordar la realidad desde un posicionamiento crítico se transforma en coraje. Sin embargo, cuando la realidad se ve amenazada, la memoria se convierte en brújula. En este sentido, ‘11 ecos’ trasciende el mero formato de single: recuerda que hay heridas que ni en 50 años han logrado sanar. Al respecto, Ignacia comenta que «la canción se llama así porque habla de los ecos de la dictadura. De cómo, desde nuestra visión de millennials, que no vivimos directamente la dictadura, sí la tenemos muy presente en la memoria de nuestros padres. El primer eco fuerte fue el 18 de octubre. Ahí uno se da cuenta de una herida que seguía abierta y se genera este diálogo entre estos dos momentos de la historia. Darse cuenta de que sigue siendo macabro, que ese eco no se ha ido. En el video llevamos esto a algo poético: el piso de ajedrez que representa el control desde el patriarcado y el catolicismo». Lo nuevo de Diavol Strâin desborda las lógicas de medición y circulación propias de la industria, las métricas y las escuchas mensuales para situarse como una propuesta artística que, desde lo implícito y lo simbólico, busca tensionar el presente y elevar la discusión. En este planteamiento, hay una voluntad de incomodar, de desmarcarse de una producción musical desprovista de conflicto y de pensamiento crítico. «Queríamos hacer, desde nuestro lugar nos revelamos contra, al menos, lo que nos toca directamente que es la industria musical, con respecto a cómo hacer música que no sea contestataria, que no tenga te invita a reflexionar, que te invita a generar un punto de vista crítico», relata Ignacia. Desde esa misma lógica, “Eterno Retorno” (2026) reconoce que en la dimensión visual y simbólica, se articula como un campo de disputa, donde los imaginarios tradicionales son re-apropiados y tensionados desde la disidencia. Lau lo explica así: «Pasamos por simbología como la serpiente y la manzana que inicia el video con el Génesis... culpando a la mujer. Y acá como disidencia nos estamos invitando a revelarnos contra el sistema donde están los magnates enmascarados detrás». A su vez, esta posición no se limita a lo estético, sino que se inscribe en una ética de persistencia y memoria. Como señala Nacha: «Vamos a seguir dando la pelea desde el lugar donde estemos y vamos a seguir manteniendo la memoria a quienes ya no nos acompañan». Género, disidencia y escenarios en disputa Cuando nos atrevimos a soñar con la idea de que las mujeres comenzaríamos a ser reconocidas por nuestras capacidades, habilidades y trayectorias, el retroceso irrumpe donde más duele, justo en la reinstalación de las caras perfectas, en la exaltación de una belleza efímera, en la insistencia sobre corporalidades sexualizadas. Si en los años 2000 la problemática se manifestaba en un castigo mediático y transversal hacia cuerpos preocupantemente delgados, hoy ese castigo adopta nuevas formas, se desplaza hacia la invisibilización de quienes no encajan en el canon de belleza dominante, dejando en evidencia cómo los rostros intervenidos se han convertido en un filtro de modificación facial, y sus transformaciones, en el resultado de un experimento de producción postfordista. En ese proceso, las mujeres que encarnan el canon terminan por volverse indistinguibles entre sí, coartando la posibilidad de diversificación, porque en las redes sociales no hay tiempo ni espacio para la diversidad. Si ayer se nos sancionaba por no querer ser modelos delgadas, hoy se nos castiga injustamente por no querer ser “bellas” influencers. Esta historia, que parece personal, es en efecto colectiva, y esto muy bien lo sabe Diavol Strâin, porque ser mujeres, lesbianas y góticas en un entorno musical patriarcal, no es algo fácil. «Hoy está la idea de que todos tenemos que ser influencers. Nosotras nos hemos dado cuenta de cómo cambia el impacto de subir una foto con nuestra cara súper arreglada versus una foto conceptual», comenta Ignacia. Por su parte, Laura agrega que «hay una diferencia súper marcada al momento de llegar a probar sonido. Si llegas con ropa cotidiana te tratan como una loca que no sabe. Hay un prejuicio de que no eres tan profesional. En cambio, cuando íbamos producidas, el trato es distinto». Un punto relevante al desarrollo de este nuevo trabajo discográfico es la experiencia como punto de inflexión respecto a las lógicas patriarcales de difusión y divulgación musical. «Llevamos 10 años y nos ha costado el triple que a una banda donde hay un hombre al frente. Partí con 23 años en la banda, ahora tengo 34. Existe esa presión por verse eternamente joven», sentencia Ignacia. Respecto a lo anterior, Lau profundiza: «está la presión del envejecer, pero en la medida que uno envejece, también va haciendo mejor música. Escucho la música de ahora y me gusta mucho más que la de antes. Cantamos mejor, tenemos composiciones más interesantes. Ese es el paso del tiempo que debería priorizarse». Sin embargo, Diavol Strâin encuentra en sus letras y en su práctica artística formas abstractas de tensionar y desviar esas lógicas, convirtiendo su propio proyecto en un punto de fuga frente a la homogeneización. Hay, en su discurso, una crítica directa al carácter competitivo que atraviesa la escena local, pero también una apuesta concreta por otras formas de habitarla. «Chile es muy chaquetero. Tratamos de apoyar el ecosistema cultural, asistir a conciertos de otras bandas, no competir. No hay que seguir las lógicas del sistema de lo competitivo», comentan. En esa misma línea, Ignacia profundiza: «y es lo que igual tratamos nosotras de hacer, cómo ligar con este ecosistema cultural que hay acá en Chile muy arreglado, muy chaquetero. Entonces tratamos de apoyarnos entre nosotras, de asistir a las tocatas de otras bandas como público. Siempre tratamos de estar presentes en lo que podemos, porque todos estamos ocupados, pero no hay que esperar a Lollapalooza para ver bandas». A esta visión, se suma una práctica colaborativa que busca romper con la lógica individualizante: «lo mismo pasa cuando uno invita a hacer colaboraciones. Nosotras hemos invitado a otras bandas, gente de otras regiones, incluso, para apoyarnos y no competir entre bandas. Es importante no seguir también las lógicas del sistema de lo competitivo». Nacidas en el fuego: Futuros posibles Tras su paso por Seattle y su recordada sesión en KEXP en 2022, la experiencia aparece marcada por una mezcla de asombro y tensión, donde lo técnico y lo emocional se cruzan en un mismo plano. «Entrar ahí es como una nave espacial. Está dividido en dos: el lugar donde grabas y la sala de controles. una cree que es más chico, pero es súper grande. Y está la sala de controles donde ves la hermosa mesa de desayuno que tiene, que es una nave espacial. A mí me pasó que me puse muy nerviosa por las cámaras tan cerca de mis dedos. Tuve que hacer una meditación para concentrarme y pasarlo bien», recuerda Laura. Sin embargo, más allá de ese hito, el presente de la banda se sitúa en una zona de tránsito, donde conviven la proyección y cierta sensación de estancamiento dentro de la escena local. «Pensamos en, ojalá, consolidarnos más y poder apuntar a algo más, porque en este momento tenemos un poco la sensación de que llegamos a un punto y ha sido difícil subir más, como al menos en la escena acá. Entonces, sería bacán poder generar mayor movimiento, como en fechas más grandes». En ese horizonte, la aspiración no solo pasa por crecer en visibilidad, sino por habitar otros espacios y ampliar el alcance de su propuesta. «Queremos llegar a espacios a los que no hemos logrado. Por ejemplo, hemos teloneado a varias bandas, pero todavía no hemos hecho un gran show nuestro en un escenario grande, como un Metrónomo, un Caupolicán, o cosas así ya bien grandes. Para eso, obviamente necesitas harta audiencia, entonces esperamos poder convocar a una mayor audiencia; llegar a nuevas audiencias, ojalá más jóvenes». El recorrido de Diavol Strâin no se agota en la construcción de una identidad sonora ni en la consolidación de una estética propia; es, ante todo, una insistencia. En efecto, su propuesta se instala como un gesto político que incomoda, que interpela y que se niega a ceder. En ese cruce entre lo simbólico y lo material, o lo que ellas describen como un cruce entre lo esotérico y lo profundamente concreto, aparece también la ética de sostener la memoria y abrir espacios. En ese sentido, su música, sus visualidades y sus decisiones no son inocuas. Tags #Diavol Strain #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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