Yes
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Para Yes, los primeros años de los 80 fueron sinónimo de desgaste. "Drama" (1980) dejó al descubierto tensiones internas y un público dividido ante la salida de Jon Anderson y Rick Wakeman, reemplazados por Trevor Horn y Geoff Downes. La gira posterior solo acentuó el cansancio, y en 1981 la banda decidió detenerlo todo. Un cierre inesperado para una de las instituciones del prog. Pero la historia tomó otro rumbo cuando Chris Squire y Alan White comenzaron a ensayar con Trevor Rabin. El proyecto avanzó bajo el nombre de Cinema, con Tony Kaye sumándose inicialmente en teclados y Trevor Horn -ya lejos del micrófono- asumiendo la producción. La idea era romper con el pasado, construir algo nuevo y dejar atrás cualquier sombra de su versión clásica.
La vuelta de Jon Anderson fue el giro inesperado. Squire lo invitó a escuchar el material desde el auto, para evitar tensiones, y Anderson no solo aceptó: aportó ajustes melódicos y líricos que unieron la frescura pop de Rabin con la espiritualidad vocal de los 70. Con él de regreso, Cinema dejó de tener sentido como nombre; esto volvía a ser Yes, aunque con estética ochentera.
'Owner of a Lonely Heart' abre el álbum y llegó al Nº1 en Estados Unidos, impulsado por la producción quirúrgica de Trevor Horn, los samplers tratados casi como un instrumento propio y un enfoque digital adelantado a su época. Luego, 'Hold On' e 'It Can Happen' consolidaron la mezcla entre accesibilidad y arreglos cuidados, con juegos vocales y giros rítmicos que mantenían un puente claro con el Yes clásico. 'Changes', por su parte, extendió esa idea hacia un terreno más ambicioso, combinando dinámicas complejas y una de las interpretaciones más sólidas de Rabin.
En la segunda mitad del disco, 'Cinema' funcionó como un breve recordatorio del origen del proyecto y fue reconocida con un Grammy. 'Leave It' llevó el trabajo vocal a un nivel inédito incluso dentro de su catálogo; 'Our Song' aportó un impulso más luminoso; y 'City of Love' introdujo un filo rockero que acercó su sonido a una audiencia distinta. El cierre con 'Hearts' devolvió parte del espíritu más expansivo de la banda, con un desarrollo que equilibró la sensibilidad pop con ecos de la tradición progresiva que siempre definió al conjunto.
El álbum mostró a una banda capaz de reconstruirse desde cero sin perder la esencia. Su éxito comercial confirmó la apuesta y abrió una etapa donde convivieron la ambición técnica, la melodía frontal y un uso de la tecnología que los mantuvo vigentes en plena década del pop. Con el tiempo, el disco se consolidó como un punto de quiebre: el momento en que Yes dejó de pelear con su pasado y encontró una forma distinta de avanzar. Un renacimiento improbable, sí, pero también uno de los más decisivos de su catálogo.
Luciano Van Gatti
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