Gracias a la labor significativa y discos de culto de bandas como Possessed, Death, Autopsy y Morbid Angel, a fines de los 80’s el Death Metal ya estaba bien posicionado como la música que había logrado ser aún más extrema y brutal que el Thrash. Pero entonces vino una segunda ola de nombres como Cynic, Pestilence y quien nos ocupa, Atheist, que a esa agresión extrema le sumaron una alta cuota de técnica, influencias progresivas, e incluso pasajes de jazz y ritmos latinos, creando un menú sonoro sumamente interesante, todo lo cual fue plasmado en el segundo trabajo del grupo oriundo de la paradisiaca ciudad de Sarasota, en el Estado de Florida.
Ese segundo trabajo, de tan solo 32 minutos de duración, se transformó de inmediato en un clásico instantáneo que inventó la etiqueta de “Technical Death Metal”, y que puso los nombres del vocalista y guitarrista rítmico Kelly Shaefer, el guitarra solista Rand Burkey, el baterista Steve Flynn, y el bajista Roger Patterson en el firmamento de las grandes obras producidas por Scott Burns, el primer especializado en Death Metal.
Lamentablemente el álbum también está marcado por una nota trágica. El bajista Roger Patterson falleció en un accidente de tránsito poco antes de la grabación del disco, cuando solo tenía 22 años de edad, por ello la banda reclutó al cubano-estadounidense Tony Choy (Cynic, Pestilence), que le hizo justicia a las líneas originales, brillando a gran altura en toda la placa.
Lo cierto es que el disco es mucho más que una colección de canciones, porque desde el momento en que uno le da play, ya sea por primera o enésima vez, es toda una experiencia. Un viaje sensorial donde es imposible no alucinar con la complejidad de los arreglos, y al mismo tiempo, sentirse completamente atrapado por las cautivadoras melodías. Un trabajo de amor y arte en una interpretación sublime, una obra que en sus ocho canciones desde ‘Mother Man’, pasando por ‘Enthralled in Essence’ y hasta llegar a la final ‘And The Psychic Saw’, no tiene un segundo de desperdicio, y que se ve completamente reflejado incluso en el arte de tapa, a cargo de Justice Mitchell.
Sin cuestionamientos mediante, Atheist logró con este disco una presencia atemporal y a la vez infinita en el vasto universo del Death Metal técnico, dejándonos para la posteridad una obra monumental e irrepetible.
Cristián Pavez
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