Muchas personas que escribimos sobre música y seguimos con atención la corriente del post metal pensamos que nunca íbamos a escribir esta frase: Neurosis está de vuelta. No era fácil mantener viva la llama de la esperanza tras el despido del guitarrista, vocalista y fundador Scott Kelly debido a los repudiables hechos de violencia intrafamiliar que admitió en 2022. De hecho, lo más honesto que podían hacer como banda era parar, respirar, y luego decidir qué hacer.
Cuatro años después de esos desoladores hechos, el gigante despierta y su rugido se transforma en “An Undying Love For A Burning World”, sorpresivo esférico que solo obedece a la forma de operar de este tipo de enclaves, dejar que la música hable por sí sola, sin humo, sin anuncios y sin crear expectativa. Si va a haber ruido, que venga desde los amplificadores.
Neurosis es una banda en que cada miembro importa, no es de esas instituciones que dependen de uno o dos pilares y las demás partes de la estructura pueden ir rotando. Por otro lado, son una escuela en sí mismos, muchas agrupaciones siguieron su camino y han elaborado discografías enteras que no se entenderían sin “Enemy of the Sun” (1994), “Through Silver In Blood” (1996), “Times of Grace” (1999) o “A Sun That Never Sets” (2001). Justamente, una de las bandas que siguió su estela desde más cerca fue Isis. Ahí están “Oceanic” (2002) y “Panopticon” (2004) para comprobarlo, por eso es tan simbólico que sea Aaron Turner el que asume la guitarra, la voz y el diseño en esta nueva etapa, sobre todo porque el hombre nunca paró de llevar esta antorcha en otros proyectos como Old Man Gloom, Greymachine o SUMAC.
Los gritos de la intro ‘We Are Torn Wide Open’ dan la bienvenida al nuevo hito como solo un disco de Neurosis puede hacerlo, con gargantas que se desgarran en tus oídos para luego romper los tímpanos con ‘Mirror Deep’, justo el impacto que esperamos recibir. El riff infernal y la batería ultra densa nos hacen sentir en casa, el fuego vuelve a encenderse y quema con la intensidad de un sol que nunca se esconde. Es un track conciso, incluso más de lo que habían elaborado en el anterior “Fires Within Fires” (2016), pero en la misma ruta compositiva.
Los teclados y sintetizadores de Noah Landis hacen su magia en ‘First Red Rays’ para plantear un escenario casi de ciencia ficción hasta que la voluminosidad de la figura central de la guitarra y la ejecución densa de un Jason Roeder preciso en las baquetas dejan descolocado, mientras Aaron Turner, Steve Von Till y el bajista Dave Edwardson comparten los guturales. El tema de las voces no puede tomarse a la ligera. Kelly y Von Till, con el respaldo de Edwardson, conformaban un monstruo de tres cabezas, siempre con el protagonismo de los dos primeros compartiendo sus gargantas dolientes.
Entre Turner y Von Till existen otros matices, algunos se conectan de manera fiel con su sello, mientras que otros abren nuevas posibilidades. En lo instrumental, hay tramos lánguidos y espaciales que se combinan con una pesadez aterradora y apocalíptica que recuerda a su etapa noventera, es un corte que representa a la banda de pie a cabeza.
Las elevaciones melódicas de ‘Blind’, la marcha serpenteante de ‘Seething And Scattered’ y el caos indómito de ‘Untethered’ forman un sólido bloque en el centro de la placa, son canciones que se entienden perfectamente de manera independiente, pero que en el contexto del álbum completo conforman un paraje desafiante en el que las pesadillas, la desolación y la desconexión se conjugan en la búsqueda de supervivencia. Hacia el final encontramos a las bestias más desafiantes: ‘In The Waiting Hours’ de 10:15 y ‘Last Light’ de 16:57. Ambas juegan con las disonancias, las cadencias y la repetición para generar una experiencia sensorial abrumadora, pero liberadora, una última luz que se mantiene viva aunque el mundo se desmorone a su alrededor.
Lanzada justo el año en el que se cumplen tres décadas de “Through Silver In Blood” y diez del anterior “Fires Within Fires”, los padres del post metal nos regalan una de sus obras más urgentes y expansivas, una que se inscribe con holgura entre lo más destacado desde “The Eye of Every Storm” (2004). Solo la muerte de Steve Albini pudo cortar el lazo que los unió desde “Times of Grace” hasta “Fires Within Fires”, lo que convierte a este décimo segundo largo en el primero desde “Through Silver In Blood” en contar con otro nombre en las perillas. Scott Evans trabajó con SUMAC y Steve Von Till en modo solista y mezcló las nuevas creaciones en su Anti Sleep Studio, dándole el toque sonoro preciso para contribuir a la continuidad de un verdadero tótem de la vertiente sabbathica más experimental y exigente.
Sobrevivir a la incertidumbre tiene su recompensa, incluso cuando la vida demanda una fuerza sobrenatural para sobreponerse ante las adversidades. “An Undying Love For A Burning World” es la evidencia de la convicción, un acto de rebeldía ante el colapso. Ahora podemos decirlo de mejor manera, Neurosis ha renacido.
Pablo Cerda Severino
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