Tras 13 años de silencio discográfico, el dúo escocés Boards of Canada (BoC) está de regreso con un álbum que era esperado como el santo grial de la música electrónica. La contundente obra en calidad, pero breve en cantidad -solo cinco álbumes editados entre 1998 y 2026- del proyecto de los hermanos Mike Sandison y Marcus Eoin, es solo comparable por su alcance e influencia con el trabajo de otros próceres surgidos en la década 90 como Fennesz, Autechre, Alva Noto, Aphex Twin, Stars of the Lid, Pan American o William Basinski, entrando por derecho propio dentro de los grandes nombres de la música electrónica contemporánea. Sin embargo, lo que hace llamativo a BoC no es solo lo musical: su actitud esquiva con los medios de comunicación, sus temáticas esotéricas y ecológicas, sumado a aquellos largos períodos sin que se sepa nada de ellos, les entrega un hálito enigmático que sin duda amplifica su estatus artístico.
“Inferno” es un disco largo y variado, que se desarrolla en 18 pistas que suman casi 70 minutos de música, en los que se pueden trazar claras tipologías. Por un lado, el ambient nostálgico y misterioso que los ha caracterizado desde sus inicios, en temas de belleza inusitada como ‘Hydrogen Helium Lithium Leviathan’ -que recuerda a clásicos alemanes como Cluster y Kraftwerk-, ‘Somewhere Right Now In The Future’, ‘Memory Death’, ‘The Word Becomes Flesh’, ‘Into the Magic Land’, ‘Blood in the Labyrinth’, la más oscura ‘Deep Time’, ‘Arena Americanada’ y las celestiales, muy en el estilo de los clásicos canónicos de Brian Eno, ‘You Retreat In Time And Space’ e ‘I Saw Through Platonia’, todos prototipos de aquella electrónica texturial rica en melodías y tonos, que también bebe del indie, el dream pop, el trip hop y el post rock.
En otra vereda, aunque sin perder las prerrogativas sonoras y estéticas que definen el álbum, aparecen composiciones con secciones vocales sampleadas, en las que se desarrolla otro de los elementos importantes de la música de BoC: la hauntología, característica estilística que evoca la memoria cultural del siglo XX -desde que existen grabaciones-, incluyendo diversos documentos sonoros históricos que se convierten en un insumo cultural que hace dialogar pasado, presente y futuro.
Así, tras una extensa introducción, ‘Prophecy at 1420 MHz’ incorpora la voz del erudito islámico Seyyed Hossein Nasr describiendo a Dios como "la resonancia suprema"; ‘Age of Capricorn’ incluye un fragmento de un sermón cristiano; ‘Father and Son’ una conversación de la película de 1971 “The Jesus Trip” en la que un hombre le declara a su padre que ama al Señor “más que a cualquier ser físico”; ‘Naraka’ presenta cánticos Hare Krishna; en ‘The Word Becomes Flesh’ se escucha la voz de una mujer describiendo el desarrollo embrionario; en ‘All Reason Departs’ aparece una grabación que cita al ocultista a Aleister Crowley, entre otras fuentes sonoras que convierten a “Inferno” en una especie de compendio que une religión, ciencia y esoterismo, emparentándolos con los fundamentales Coil.
La colorida paleta sonora es generada, como de costumbre, con sintetizadores vintage, manipulación de equipos analógicos -en muchos casos obsoletos-, samples, programaciones, percusiones, guitarra, bajo, instrumentos de cuerda acústicos, grabaciones de campo y ritmos inspirados en dosis igualitarias por el hip hop y el krautrock, creando sensaciones que van desde la inestabilidad y la inquietud, hasta llegar a la calma y la introspección. Por su variedad estilística y de vertientes sonoras, “Inferno” contrasta con el ascetismo de su antecesor “Tomorrow's Harvest” (2013, Warp), pero, al mismo tiempo, dibuja la continuidad de una obra ineludible para entender la evolución de un fenómeno tan relevante de la contemporaneidad como es la música electrónica.