Ecca Vandal: Conservadurismos para dejar atrás Voz propia más allá de cualquier etiqueta Miércoles, 01 de Julio de 2026 Publicado originalmente en revista Rockaxis #276, junio de 2026. Desde la migración y el sincretismo cultural hasta la reivindicación de la rabia, la autonomía creativa y la ruptura con los estereotipos, conversamos con Ecca Vandal sobre “LOOKING FOR PEOPLE TO UNFOLLOW”, su nuevo álbum que busca transformar la búsqueda de una voz propia en un acto de resistencia frente al ruido, las etiquetas y las expectativas impuestas. Karin Ramírez «Rage makes me feel pretty» reza el mensaje estampado en la polera utilizada por la ideóloga de “LOOKING FOR PEOPLE TO UNFOLLOW” (2026) durante el inicio de una gira mundial marcada por el desplazamiento, la incertidumbre y la tensión a lo establecido. La frase se instala rápidamente en la mente de quienes buscamos comprender la rabia más allá de los estereotipos que históricamente la han reducido a un exceso o una amenaza. La rabia aparece aquí desde su dimensión más orgánica, desde lo visceral, desde su capacidad transformadora y reivindicativa. La historia de Ecca Vandal está profundamente atravesada por los procesos migratorios, experiencias que nacen desde la necesidad de resguardar la vida, pero que también abren espacios para nuevas formas de encuentro cultural. Lejos de entender la migración únicamente como desplazamiento, su trayectoria da cuenta de cómo estos recorridos pueden transformarse en territorios fértiles para la construcción de identidades complejas, donde distintas memorias, sonidos y tradiciones dialogan entre sí. Sobre ello, Ecca comenta que «mi historia me ayudó a ser adaptable. Nací en Sudáfrica, mis padres son de Sri Lanka, pero crecí la mayor parte de mi vida en Australia. Tuve que adaptarme y aprender sobre nuevas culturas y conocer gente nueva a una edad temprana. Creo que eso influyó en mi sonido, porque hay muchos estilos diferentes de música en Australia: la gente se interesa por el hip-hop, el rock, el soul, el jazz. Pude absorber todas esas influencias diferentes, incluyendo los sonidos de mi cultura, como la música sudafricana y la de Sri Lanka. Por eso absorbí todos esos sonidos diferentes mientras crecía». En la posibilidad de construir procesos creativos donde las influencias dejan de ser referencias externas para convertirse en experiencia vivida, la voz de Ecca Vandal emerge como uno de los principales territorios de identidad. En tiempos donde gran parte de la producción cultural parece atravesada por la homogenización de algoritmos, tendencias y métricas, su propuesta recupera el valor de la expresión individual como un acto de autenticidad y posicionamiento. Sobre esto, confiesa que «cuando comencé, solo quería experimentar con mi voz y también quería expresarme de una manera fuerte, porque muchas mujeres que conozco son bastante reservadas y, a veces, pueden parecer silenciosas. Quería ver a mujeres –quiero decir, sé que existen muchas mujeres en la música que son ruidosas y sin remordimientos–, pero también quería expresarme de esa manera. Por eso mi voz puede ser bastante cruda a veces, porque así es como me siento». Sin embargo, la construcción de su vínculo con el punk no surge únicamente desde la rebeldía o la confrontación. En la trayectoria de Ecca Vandal, este acercamiento se configura como un proceso de diálogo entre tradiciones musicales diversas, donde lo clásico y lo contemporáneo encuentran puntos de encuentro capaces de generar nuevas formas de expresión, por lo que este recorrido va desde la reivindicación de sonidos que históricamente se han relegado a los márgenes. En sus palabras: «amo la música jazz. Crecí escuchando mucho jazz y empecé a escucharlo muy de cerca y a estudiarlo en la secundaria; realmente me encantó. Me gustaba cómo sonaba, me gustaban las canciones clásicas que todos conocemos. Luego fui a estudiarlo después de la escuela y me di cuenta de que no iba a pasar mi vida solo cantando jazz, porque me gustaban muchos estilos diferentes de música. Descubrí el punk, a Bad Brains, Pixies, Fugazi, Björk y Radiohead. Luego descubrí la música electrónica y así fue como me di cuenta de que quería escribir música que no fuera solo jazz. Eran todas estas cosas que amaba». Primeras composiciones Si de líneas temporales se trata, la discografía de Ecca Vandal puede entenderse como un recorrido de búsqueda, exploración y consolidación artística. El primer gran hito de ese trayecto fue “Ecca Vandal” (2017), un álbum que desde su lanzamiento desafió las categorías con las que la crítica y las audiencias suelen ordenar la música. Algunas lecturas, como las presentes en comunidades especializadas como Rate Your Music, han señalado que la etiqueta punk solo se manifiesta de forma explícita en algunas canciones del disco. Sin embargo, quizás esa observación abre una pregunta más interesante: ¿acaso la esencia del punk no reside precisamente en la ruptura constante de los límites impuestos, incluso aquellos que pretenden definir qué puede o no puede ser considerado punk? Más allá de cualquier clasificación, este debut representa el momento donde comienzan a tomar forma las coordenadas creativas que posteriormente definirían la identidad de la artista. Al recordar ese proceso y contrastarlo con su trabajo más reciente, Ecca reflexiona: «fue un gran proceso creativo, de mucha exploración y descubrimiento de mi composición, pero esa experiencia ha cambiado ahora porque he evolucionado como compositora. Creo que me he vuelto mejor. Trabajé duro para profundizar en lo que quería decir en este nuevo álbum. Quería aprender el oficio de la composición de una manera que fuera más fiel a mí y a los diferentes estilos que me influenciaron, pero también algo con lo que la gente pudiera identificarse. Ha evolucionado mucho desde aquel proyecto y, aunque todavía amo las canciones de ese disco, creo que las de “Looking for People to Unfollow” son mucho más lo que soy ahora». Por otro lado, ‘Broke days, party nights’ (2017) emerge como aquel track capaz de volverse biografía de su disco debut. Lejos de romantizar la precariedad, la canción recupera una etapa de la vida de Ecca Vandal marcada por la incertidumbre económica, pero también por una profunda convicción de seguir adelante pese a las dificultades. «Era realmente una música sin dinero, sin un trabajo adecuado y sin saber a dónde iba a llevar todo esto, pero sabiendo que estaba en la quiebra e iba a divertirme de todos modos. Quería salir a descubrir el mundo y conocer gente nueva, pero teníamos que hacerlo con un presupuesto mínimo. De ahí viene la energía de esa canción, porque amo todo lo que hago, pero también es difícil cuando no tienes dinero; lo único que puedes hacer es intentar divertirte y tratar de hacer una fiesta dondequiera que vayas», comenta la artista. Si existe una canción que sintetiza el cruce de influencias que atraviesa la trayectoria de Ecca Vandal, es aquella donde convergen dos figuras fundamentales de la música alternativa contemporánea, y con eso se alude a Jason Aalon Butler y Dennis Lyxzén. Más que una colaboración, su participación representa el encuentro entre distintas generaciones de artistas que han entendido la música como un espacio de cuestionamiento, intensidad emocional y libertad creativa. «Fue un privilegio tener a ambos en la pista. Era fan de Jason y nos hicimos amigos después de eso. Amo su música con Letlive y también con Fever 333, que era lo que estaba haciendo en ese momento. Le pregunté un día si quería participar en la canción; tardó un par de días en responderme y luego dijo que sí. Mientras tanto, pensaba que sería un sueño tener a Dennis Lyxzén, porque soy una gran fan de “The Shape of Punk to Come” (Refused). Pensamos: “¿Por qué no le preguntamos y vemos qué pasa?”. Lo hicimos y dijo que sí, lo cual fue increíble para nosotros. Él grabó la canción y nos la envió; cuando escuchamos su grabación, Richie y yo, junto al ingeniero de sonido Hayden Buxton, quedamos atónitos. Era Dennis cantando mi canción, mi letra y mi melodía. Fue un gran momento. Les preguntamos a ambos cómo se sentían al estar juntos en la canción y ambos estaban muy emocionados, así que decidimos mantenerlos a los dos». La participación de Lyxzén adquiere una dimensión aún más significativa si se considera que, tras la despedida definitiva de Refused en 2025, su voz pasó a formar parte de uno de los capítulos finales de una banda que transformó para siempre la historia del hardcore punk y una forma particular de entender la música como espacio de confrontación, pensamiento crítico y transformación cultural. Para Ecca Vandal, la presencia de Lyxzén representa el encuentro con una de las influencias que ayudó a moldear algo más que su propia identidad creativa. «Es muy triste para mí no volver a verlos en vivo. Los vi un par de veces en Australia. De hecho, íbamos a tocar con ellos en Europa en esta última gira, pero desafortunadamente las fechas coincidieron y no pudimos hacerlo. Siempre estaré muy triste por no haber podido formar parte de esa gira final porque nos invitaron, pero no pudimos. Es un privilegio tener a Dennis en la canción; estoy segura de que continuará haciendo música, pero Refused, tal como lo conocemos, ya no existirá. Es triste». Buscando personas, ideas y conservadurismos para dejar atrás En una época marcada por la híperconectividad, donde las opiniones circulan a una velocidad imposible de procesar y los algoritmos moldean silenciosamente buena parte de aquello que consumimos, detenerse a escuchar la propia voz puede convertirse en un acto profundamente contracultural. Lo nuevo de Ecca Vandal nace precisamente desde ese ejercicio de distanciamiento. «Ese título surgió porque mientras escribía este álbum, entre 2021 y 2023, estuve desconectada de internet por cuatro años. No publiqué ni una sola cosa en Instagram. Realmente quería alejarme para reducir todo el ruido que experimentamos en las redes sociales y en internet en general, para poder sintonizar realmente con lo que quería decir y lo que mi voz decía internamente. Me di cuenta de que no quería ser influenciada por nada a mi alrededor; a veces hacía una limpieza física en mis redes sociales porque me daba cuenta de que algo era solo ruido y no necesitaba seguirlo ni pedirle consejo a nadie más. Puedo hacer mi propia investigación y sintonizar con lo que dice mi voz. De ahí viene el título: buscar personas a quienes dejar de seguir es también buscarte constantemente a ti misma, buscar aquello con lo que realmente quieres identificarte». La búsqueda que propone “LOOKING FOR PEOPLE TO UNFOLLOW” tampoco se limita al ecosistema digital. A medida que el proceso creativo avanzaba, la reflexión de Ecca Vandal comenzó a trasladarse hacia dimensiones mucho más íntimas, vinculadas a las relaciones humanas, los afectos y la manera en que distribuimos nuestra energía emocional. En ese ejercicio de revisión, el álbum adquiere una dimensión profundamente humana, transformándose en una invitación a cuestionar no solo aquello que consumimos, sino también aquello que permitimos habitar nuestras vidas. Sobre este proceso, la artista reflexiona: «hice una gran auditoría personal en mi vida sobre las relaciones a mi alrededor y las cosas hacia las que me sentía atraída. Me di cuenta de que algunas relaciones no eran recíprocas; a veces era mucha energía de mi parte hacia ellos y resultaba agotador. Así que sí, hubo relaciones de las que tuve que alejarme. También noté que mucha gente a mi alrededor estaba haciendo lo mismo; hubo muchas rupturas de relaciones durante el tiempo del COVID. La gente, en general, estaba haciendo esa misma auditoría personal». En este nuevo universo de Ecca Vandal, ‘Vertical words’ emerge como una de las composiciones que más directamente confronta las estructuras normativas que organizan la vida social. La canción dialoga con una larga tradición de pensamiento que ha cuestionado las categorías rígidas desde las cuales se construyen las expectativas sobre los cuerpos, las identidades y las formas legítimas de habitar el mundo. Desde una perspectiva feminista, estas divisiones no son neutras. Históricamente han funcionado como mecanismos de regulación social que delimitan aquello que las mujeres pueden decir, hacer o llegar a ser, al mismo tiempo que restringen las posibilidades de expresión de quienes no encajan en los modelos tradicionales de género. Desde ahí, Ecca afirma que «estoy desafiando los estereotipos. Algunas personas en nuestro mundo pueden ser muy rígidas; piensan que el mundo es blanco y negro, pero ese no es el mundo en el que vivimos. Hay mucho color, mucho “entre líneas”, y de eso trata la canción. La gente piensa que las mujeres no pueden hacer lo que hacen los hombres o que los hombres solo pueden estar en una caja determinada. Hay mucho espacio intermedio y necesitamos reconocerlo; está bien. Es una forma de burlarse de las personas que son tan cerradas de mente». Si este nuevo disco se construye desde la idea de una auditoría personal, ‘Then there was one’ representa una de sus expresiones más íntimas y radicales. La canción aborda el momento posterior a la ruptura, ese instante en que las relaciones, estructuras y espacios que alguna vez parecieron indispensables dejan de formar parte de la vida cotidiana. Desde aquí, Ecca Vandal la transforma en una reflexión sobre la autonomía, la reconstrucción y la posibilidad de volver a confiar en la propia voz después de haber tocado fondo. «Esa canción trata sobre la evolución de haber cortado algunas relaciones y haberme desvinculado de la industria de la que formé parte en el álbum anterior. Me volví independiente. Habla de cómo, después de tener a todas estas personas a mi alrededor que pensé que eran adecuadas para mí, al final todo volvió a quedar en uno solo: “entonces quedó uno”. Fue doloroso reconocer que esas relaciones habían terminado, pero al mismo tiempo fue lo mejor para mí. Todas las canciones del álbum fueron creadas por mí y por Richie Kid Not, que es productor y compositor. Escribimos todas las partes y las canciones juntos. Él tocó todos los instrumentos, yo toqué todos los instrumentos; solo somos nosotros dos en este álbum. No hay otros músicos. Fue un proceso completamente DIY». Tras recorrer las múltiples capas que componen lo nuevo de Ecca Vandal, resulta difícil reducir el álbum a una única temática. La experiencia migratoria, la búsqueda de identidad, la reivindicación de la rabia como fuerza transformadora, la ruptura con estructuras limitantes, la defensa de los matices frente a los binarismos y la decisión de construir un camino creativo desde la independencia convergen en una misma inquietud: la necesidad de encontrar una voz propia en un mundo que constantemente intenta definir quiénes somos y quiénes deberíamos ser. En este sentido, su música no solo desafía convenciones sonoras, sino que también reivindica la complejidad humana como un espacio legítimo de existencia, creación y resistencia. Porque si algo parece enseñarnos la artista sudafricana/australiana a lo largo de esta conversación, es que la construcción de una vida propia no depende de cuántas personas nos siguen, sino de la capacidad de reconocer qué ideas, qué vínculos y qué versiones de nosotros mismos merecen seguir acompañándonos en el camino. Y en una época que constantemente nos empuja a mirar hacia afuera, quizás el acto más radical siga siendo volver la mirada hacia adentro y preguntarnos ¿cuánto de lo que somos ha sido elegido por nosotros y cuánto continúa respondiendo a expectativas que hace tiempo dejamos de habitar? Tags #Ecca Vandal #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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