David Gilmour: La llamada de la suerte Análisis a la actualidad del ex Pink Floyd Lunes, 03 de Marzo de 2025 Publicado originalmente en revista Rockaxis #256, octubre de 2024. A estas alturas del partido, nadie va a discutir que David Gilmour es uno de los guitarristas más icónicos que ha dado el mundo del rock, por lo que su regreso con “Luck and Strange” lo situó inmediatamente entre uno de los tópicos más comentados de la esfera musical de este 2024, y con justo mérito. Este disco, como todo lo que proviene de Gilmour, nos lleva por paisajes sonoros cargados de atmósferas emocionantes confeccionadas gracias a una maestría musical que muchos desean imitar, pero pocos pueden igualar. A sus 78 años, el ex Pink Floyd continúa demostrando su capacidad para reinventarse mientras se mantiene fiel a esa esencia artística que persiste como un eco infinito. Pablo Cerda Fotos: Anton Corbijn - Polly Samson Para tener un legado tan enorme a sus espaldas, la carrera solista de David Gilmour no tiene tantos discos como uno pudiera pensar. Su debut por fuera de Pink Floyd lleva simplemente su nombre y fue lanzado en 1978, justo entre los discos “Animals” y “The Wall” de su banda madre, con el respaldo de críticos y fanáticos que lo hicieron merecedor de una certificación de oro. “About Face” llegaría recién en 1984 y su lista de invitados –que incluye a un panteón de estrellas como Jon Lord, Steve Winwood, Pino Palladino o Jeff Porcaro– no hizo otra cosa que continuar la exitosa senda marcada por su predecesor, anotando así otro hito para el guitarrista. Con 22 años de separación, apareció “On an Island”, pieza que lo vio disfrutando en pleno de su estatura de leyenda con canciones estremecedoras que serían el regocijo de los que siempre han estado atentos a sus movimientos y llamaría la atención de las nuevas generaciones de melómanos a mediados de los 2000 que no hacían otra cosa que ponerse de rodillas ante esa eximia demostración de grandeza. Según cuenta Rolling Stone, fue justo después del término del tour de “On an Island” en 2007 cuando los miembros de la banda en vivo de David Gilmour y su gran amigo Richard Wright empezaron a probar nuevas ideas en el estudio. A pesar de que las grabaciones de esas ideas representan la última vez en que la mitad de la formación clásica de Pink Floyd trabajaba en conjunto, Gilmour guardó esa colaboración durante 17 años. Claro, el músico inglés parece tomarse su tiempo, pero a Francisco Ortega, escritor y voz autorizada en todo lo que tiene que ver con rock progresivo, no le parece raro que Gilmour emerja con publicaciones a un ritmo cansino: «Si te pones a pensar, él era el guitarrista y vocalista de una banda, en este caso Pink Floyd, que publicaba discos cada dos años y vendía mucho, era un ritmo muy agotador. ¡El personaje tiene 80 años! Creo que su marca tiene un valor agregado justamente porque no publica tan seguido». Entre medio de esas grabaciones junto a Wright y el nuevo “Luck and Strange” apareció “Rattle That Lock”, cuarto álbum que no solo recibió críticas positivas en general, sino que lo trajo por primera vez a Chile en 2015, el mismo año de su lanzamiento. Eso sí, es un esférico que a todas luces palidece ante sus predecesores. «Es un disco más bien flojo. Tiene buenas canciones, pero no es coherente en sí mismo. Sin embargo, tiene una canción que es mejor que el disco entero y que creo que es la mejor canción solista de un integrante de Pink Floyd: ‘In any tongue’. En vivo parece una canción de Pink Floyd, es un temazo», sentencia Ortega. Por consenso general, “Luck & Strange” se erige como un disco que tiene un concepto mucho más redondo, amparado en «la suerte que tuvieron los baby boomers de vivir en un tiempo extraño, pero lleno de ideas positivas durante el período posterior a la guerra», según lo que comenta el propio Gilmour. Para entender su génesis, hay que remontarse a los días de la pandemia, en los que él y su familia hacían un webcast llamado The Von Trapped Experience para promocionar el libro de su esposa Polly Samson titulado A Theatre for Dreamers y, al mismo tiempo, fue la puerta de entrada para que sus fanáticos conocieran un poco más a fondo a su núcleo. «Esos eventos nos ayudaron a concentrarnos», se sincera el músico en Rolling Stone, abriendo también la conversación sobre cómo darle un giro a lo que se vivía en la pandemia. «Estábamos atrapados. Por eso lo llamamos The Von Trapped Experience, un chiste relacionado a la película The Sound of Music. Nos hizo pensar en lo divertido que podría ser hacer música juntos. Todo comenzó con versiones de canciones de Leonard Cohen, lo cual fue encantador porque la voz de mi hija Romany y la mía parecían funcionar muy bien juntas, y eso nos llevó a darle curso desde ese punto». La dicha frágil En su conversación con la revista Uncut, Gilmour confiesa que una parte de él se sentía demasiado cómodo en el encierro y esa suerte de “dicha frágil” cruza al nuevo “Luck & Strange”. En ‘Sing’, por ejemplo, Gilmour canta que «no está listo para las noticias ni para dejar el capullo», lo que también se une a un sentimiento nostálgico al tratarse de una canción que viene de un demo de 1997 titulado ‘Sing daddy ding!’, frase que el por ese entonces bebé Joe Gilmour le dijo mientras arreglaba la progresión de acordes. Su esposa y letrista Polly Samson, “su musa inspiradora”, y sus hijos Charlie, Joe, Gabriel y Romany están tan involucrados en esta obra que es imposible entenderla sin ellos. ‘Scattered’ se fraguó entre Polly, Charlie y él. «Primero escribí una letra que era un poco dispersa», reconoce el músico. «Era como si tuviera tres temas en paralelo, y Polly pensó que deberíamos centrarnos en una sola dirección, así que decidimos pedirle a nuestro hijo Charlie que lo intentara. Él propuso una especie de analogía con el Rey Canuto, la persona que intenta detener la marea, lo que te lleva a todo tipo de extrañas reflexiones. Polly intervino, y aportó su brillantez y experiencia para terminarla», complementa Gilmour en Rolling Stone. La mortalidad y el paso del tiempo son los temas centrales de “Luck & Strange”. De hecho, muchas veces se sienten como conversaciones entre David y Polly: «son los temas de conversación entre ella y yo, y a veces con el resto de la familia», indica Gilmour. Mientras estaban en el confinamiento, se preguntaban si el virus podría provocar el fin del mundo o reflexionaban sobre la suerte de “espada de Damocles” que pendía sobre nuestras cabezas en esos tiempos. Cuando por fin las restricciones se levantaron, era momento de darle vida a “Luck & Strange”. Con la música compuesta por Gilmour en una pieza y las letras de Polly escritas en otra diseñada especialmente para su trabajo, el álbum tomó forma en un período de cinco meses en los British Grove Studios de Mark Knopfler, en Londres. Según cuenta a la revista Mojo, Gilmour le preguntó a Knopfler «si conocía algún buen productor». El ex Dire Straits y el ex Pink Floyd se pusieron a estudiar los créditos de los discos más recientes que hayan sido exitosos y los nombres que estén relacionados con la música nueva. Así surgió el nombre de Charlie Andrew, productor más joven que se anotó un buen punto gracias a su experiencia en los estudios Abbey Road y recibió la invitación de Gilmour a través de un mensaje por Instagram. «Abordó el trabajo sin preconcepciones y hubo un período muy interesante de ensayo y error en el que estábamos totalmente en la oscuridad», cuenta Gilmour en Mojo. Según el guitarrista, Andrew es un tirano, pero también lo hizo pensar en que no hay porque hacer las cosas siempre de la misma manera. ¿Por qué todas las canciones deben tener fade out o por qué siempre tiene que haber un solo de guitarra? «Me presionó, pero uno necesita alguien que tenga buen gusto y oído para dirigirte o corregirte». Otros personajes que fueron decisivos para que Gilmour corriera sus propios cercos, fueron el bajista Guy Pratt, músico que lo ha acompañado en cada disco solista desde 1987, y el baterista Steve Gadd, que en su currículum tiene el honor de haber trabajado con Paul McCartney, Joe Cocker o Paul Simon, junto con un par de otros músicos más jóvenes como Adam Betts también respaldando en la batería, Tom Herbert en el bajo, y Rob Gentry en teclados, entre otros. Pero uno de los momentos más destacados es cuando se une con su hija Romany para el cover de Montgolfier Brothers titulado ‘Between two points’. «Romany debió haber escuchado la canción una o dos veces en su vida en nuestras listas de reproducción, pero realmente no la conocía en absoluto. Le di las letras en un papel y la puse frente al micrófono», comenta Gilmour y, como buen padre orgulloso, revela que él vio cualidades en su hija desde temprana edad: «es una verdadera profesional con el micrófono, lo ha sido desde que tenía tres años. La voz que escuchas en esa pista es su primera toma completa». Realidad y fortuna «Lo normal cuando terminas un álbum que estuviste trabajando durante meses, o incluso años, es no volver a escucharlo mucho una vez que se lanza, pero con este es distinto», indica Gilmour en Mojo. Se sabe que un lanzamiento es el festival de las frases grandilocuentes y el ex Pink Floyd no se salva: «este es mi mejor disco después de “The Dark Side of The Moon” o “Wish You Were Here”, o lo que sea». Es un comentario desproporcionado, lo sabemos, pero la emoción de Gilmour es total, tanto así que los planes de tour van viento en popa. La banda está lista, incluso persuadió a Romany para que lo acompañe en algunas fechas y, aunque no sea un hombre que viva del pasado, ciertamente va a incluir algunas canciones de Pink Floyd, lo ve como un “golpe de realidad” que uno tiene que experimentar de vez en cuando. Al momento de las evaluaciones, Francisco Ortega rankea a “Luck and Strange” como su tercer disco favorito de David Gilmour. «Para mí, su mejor disco solista es “On a Island”, seguido de su disco debut y luego vendría el nuevo “Luck and Strange”, por encima de “Rattle That Lock” y “About A Face”, sin contar “A Momentary Lapse of Reason”, que para mí es un disco solista con la marca de Pink Floyd». Lo cierto es que “Luck and Strange” es un álbum que está a la altura de la ilustre carrera del tótem inglés. El ex Pink Floyd es un hombre que deja ir el pasado, y a medida que los relojes del tiempo avanzan, también lo hacen sus ganas de encontrar nuevas formas de expresión a través de su música, aunque haya un manto de nostalgia en las letras de Polly. Con la tranquilidad de su lado, David Gilmour deja atrás los fantasmas pandémicos para salir a compartir sus nuevas creaciones con la energía de un gran sol lleno de sabiduría. Y es que cuando la suerte llama a la puerta, solo hay que atender su llamado y este pareciera ser un momento en el que debemos disfrutar de la fortuna de tener a David Gilmour navegando nuevamente en los ríos interminables de su leyenda. Tags #David Gilmour #Pink Floyd #2024 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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