David Byrne: El arte de seguir preguntando El ex Talking Heads en una conversación llena de humor y curiosidad Lunes, 22 de Diciembre de 2025 Publicado originalmente en revista Rockaxis #269, noviembre de 2025. En una charla íntima y lúcida desde Nueva York, David Byrne reflexiona sobre su nuevo disco “Who Is the Sky?”, el paso del tiempo, la libertad creativa que conlleva una extensa trayectoria y la importancia de seguir haciéndose preguntas. Con humor, sensibilidad y una mirada siempre curiosa, el ex Talking Heads comparte recuerdos de su reciente paso por Chile, habla de su aversión a las fórmulas y su resistencia a vivir del pasado. Fernanda Hein Fotos: Shervin Lainez Desde una habitación de hotel en Nueva York, mientras se prepara para presentarse una vez más en el mítico Radio City Music Hall, David Byrne aparece en pantalla con una sonrisa tranquila. Habla con la serenidad de quien ha aprendido a convivir con el movimiento constante. La gira lo agota –admite sin rodeos–, pero su curiosidad permanece intacta. Tan viva como siempre. «¿Estás en Santiago?», pregunta apenas iniciamos la videollamada, con una genuina chispa de interés. Al confirmarle que sí, sus ojos se iluminan. «Estuve allí el año pasado, pero no para tocar, estaba como turista. Fui a la Patagonia y luego a Atacama. Fue increíble, sobre todo mirar las estrellas», dice, con ese tono casi infantil que asoma cuando algo le maravilla. Así comienza la charla: entre coordenadas geográficas, cielos despejados y la mirada siempre abierta de un artista que nunca ha dejado de observar el mundo con asombro. Su voz se llena de entusiasmo al hablar de Chile. Nombra a la Patagonia con una cadencia lenta, como si saboreara el recuerdo. «Fue especial», repite varias veces. No hay pretensión en su relato, solo la mirada abierta de un hombre que sigue dejándose asombrar por el mundo. Entonces los rumores eran ciertos: Durante esos días, las redes sociales en Chile se llenaron de especulaciones sobre su presencia en el país. Alguien decía haberlo visto, otro aseguraba haberlo cruzado en un aeropuerto, pero nada llegaba a confirmarse. Byrne se ríe al escucharlo, divertido por la anécdota. «¡Qué gracioso!», comenta entre carcajadas, como si la idea de haberse convertido en tema de conversación virtual le resultara un pequeño absurdo encantador, uno más de esos instantes fortuitos que tanto disfruta observar. La charla se interrumpe por un momento con una felicitación doble: su nuevo álbum y su reciente matrimonio. Byrne agradece con modestia y humor: «nos casamos en medio de mis ensayos –cuenta–; hubo mucha música, grandes DJs… Yo mismo canté algunas canciones. Uno de los miembros de la banda, que es de Brasil, interpretó temas brasileños. Fue muy divertido». Habla de la boda con la misma naturalidad como quien habla de sus proyectos artísticos: como una celebración colectiva, una experiencia compartida. «Incluso, preparé una playlist», dice riendo. «Era música instrumental para la cena. Quería que la gente disfrutara, pero sin voces, porque si hay alguien cantando, enseguida todos empiezan a pensar: “¿qué es eso? ¿De qué trata esta canción?”. Preferí dejar espacio al silencio entre los sonidos». Esa sensibilidad hacia los matices atraviesa todo su trabajo reciente. El título de su nuevo álbum, que según revela surgió de un accidente feliz, lo llevó a una reflexión sobre identidad y percepción. «Me gustó porque parecía una pregunta filosófica o metafísica: ¿qué es el cielo allá arriba? Pero también me preguntaba: ¿quién soy yo?». Byrne explica que, junto a un diseñador, creó un vestuario que lo oculta parcialmente. «Se me ve un poco, pero también estoy escondido. Pensé: “así somos”. Nos conocemos solo en parte, nunca del todo. Siempre hay zonas de nosotros que permanecen en sombra. Estoy jugando con eso, con el misterio de la identidad». Ese juego con lo incierto se extiende también a su proceso creativo. Byrne confiesa que la incomodidad es su combustible más confiable. «Estar en un lugar nuevo, aprender algo distinto, trabajar con otras personas… Eso es lo que me impulsa –reflexiona–. Es tentador quedarse en lo que te resulta cómodo, pero es una trampa. Cuando algo se vuelve demasiado familiar, pierdes el asombro. Y sin asombro no hay arte». Su curiosidad, sin embargo, no se limita a su propio mundo. Byrne ha colaborado y compartido escenario con artistas de nuevas generaciones, desde Olivia Rodrigo hasta Hayley Williams, que lo citan como una influencia decisiva. «Las admiro mucho», dice con humildad. «Me gusta su música, así que me halaga que digan que les gusta la mía. A veces me invitan a cantar con ellas, y aunque no entiendo del todo por qué les interesa trabajar conmigo, me siento muy afortunado. Tal vez sea porque siempre he ido a mi manera, sin seguir lo que está de moda. Y creo que aprecian eso, que mi carrera haya durado tanto tiempo». David hace una pausa y sonríe con cierta dulzura: «supongo que también se preguntan si su carrera durará, si podrán hacer esto toda la vida. Me miran y ven que, muchos años después, sigo aquí. Y eso, quizás, les da un poco de esperanza». El arte vive del riesgo Hablar con David Byrne es como entrar en una conversación filosófica donde cada tema se ramifica en otros. Cuando la charla deriva hacia la idea de la música como herramienta de sanación, responde sin dudar: «definitivamente es algo personal, pero también colectivo. Cuando estamos en el escenario todos, desde los músicos al público, perdemos un poco el sentido del “yo” y nos convertimos en parte de algo más grande. No soluciona los problemas del mundo, pero permite sentir que la unidad todavía es posible». Hay en sus palabras una calma que no es ingenuidad, sino experiencia. La misma que lo lleva a afirmar que en sus canciones nunca ha encontrado respuestas, sino más preguntas. «Hacer preguntas abre puertas –dice–, aunque a veces detrás haya solo otra puerta. Pero el simple hecho de preguntar te acerca un poco más a la verdad. No sé si las respuestas existen, pero las preguntas te permiten mirar desde otro ángulo». A medida que la conversación avanza, Byrne reflexiona sobre el paso del tiempo y la libertad que viene con la edad. «Antes era más controlador, más consciente de las expectativas. Ahora me siento más libre. Si algo falla, está bien: ya me ha pasado antes y he sobrevivido. Y si trabajo en algo nuevo que no entiendo todavía, tengo la confianza de que en algún momento lo entenderé». Habla del fracaso con una serenidad inusual en un artista de su calibre. No hay cinismo ni autoindulgencia, solo una certeza: el arte vive del riesgo. Por eso, cuando se le pregunta si se atrevería a coescribir una canción con una inteligencia artificial entrenada con su propio catálogo, responde sin titubeos: «qué idea curiosa… pero probablemente no. Me gusta trabajar con personas, con humanos. La tecnología puede ser una herramienta útil, pero no quiero depender de fórmulas. Prefiero pensar que mi trabajo está fuera de eso». Lo dice con una mezcla de respeto y distancia, consciente de que su obra, una de las más influyentes en la música popular del último medio siglo, no nació del cálculo, sino del accidente, del error, del hallazgo. Su curiosidad visual se mantiene intacta. Habla con entusiasmo de su más reciente video musical, creado con un equipo chileno de animadores: Ricardo Villavicencio y Álvaro Zamudio. «Un amigo me contó que ellos podían tomar un dibujo y hacerlo moverse, bailar, transformarse. Les pedí que probaran con mis propios dibujos y me encantó el resultado. Les propuse trabajar juntos y les di muchos de mis trabajos. Fue muy fácil, un proceso muy natural». ¿Y volver a Chile, esta vez no como turista, sino para tocar? «Eso espero», dice con una sonrisa cómplice. «Tengo una reunión hoy para hablar justamente de eso. Ojalá pueda volver en junio o julio». Entre la ironía y la introspección En el nuevo disco, Byrne dice haber buscado una transparencia mayor en sus letras, incluso a costa de cierta incomodidad personal. «A veces es un poco vergonzoso –confiesa–. Me casé hace poco y a mi esposa no le gusta mucho la canción ‘Moisturizing thing’ (ríe). Le expliqué que no es lo que parece, que es una canción sobre no confiar en las apariencias». Esa mezcla de ironía y pizca de timidez es una constante en su arte: la habilidad de observar lo humano desde un lugar que combina curiosidad y compasión. Pero el músico no se queda en la introspección. También observa el contexto más amplio de la industria musical, sus riesgos y sus trampas. Habla del miedo a convertirse en un “legacy act”, una banda o artista que vive únicamente de su pasado. «Hay un instinto que me dice cuándo estoy avanzando creativamente y cuándo no. En los conciertos es más complicado, porque parte del público quiere escuchar las canciones viejas, las que escuchaban cuando eran jóvenes. Pero descubrí que también disfrutan las nuevas, si logro equilibrarlo. Mientras haya balance, está bien. Eso evita que me convierta en alguien que solo toca sus viejos éxitos». Cuando se menciona a Stop Making Sense, el icónico filme de Talking Heads que volvió a los cines y reavivó las conversaciones sobre una posible reunión, Byrne se detiene un momento antes de responder. «La música que escuchamos en los momentos en que descubrimos quiénes somos, a quién amamos, qué creemos, se vuelve parte de nuestra identidad. Por eso la gente quiere revivirla. Quieren volver a ese momento de sus vidas. Pero no se puede. Las canciones pueden seguir siendo buenas, pero no puedes retroceder el reloj ni revivir lo que ya pasó. Hay que mirar hacia adelante». Habla de la nostalgia sin condenarla, pero también sin dejarse atrapar por ella. En su mirada hay comprensión, no condescendencia. Tal vez porque él mismo ha aprendido a convivir con el pasado sin quedar atrapado en él, y aceptar que tanto su arte como su vida, se construyen sobre las preguntas, y no sobre las respuestas. Cuando la conversación termina, vuelve a sonreír y repite varias veces, como quien reafirma un deseo: «espero volver pronto a Santiago». Y una entiende, al cerrar la sesión de Zoom, que para Byrne no existe un final definitivo. Solo la posibilidad infinita de seguir mirando, preguntando y transformándose. Tags #David Byrne #Who Is the Sky? #Talking Heads Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. Ultimos Contenidos Vanguardia Entrevistas Vapors of Morphine: honrando a quienes ya no están Jueves, 30 de Abril de 2026 Vanguardia Noticias ''Wave Weave - Sono Obi'': Alva Noto editará EP con la música que creó para una exposición textil japonesa Miércoles, 29 de Abril de 2026 Vanguardia Discos Kevin Drumm Miércoles, 29 de Abril de 2026 Vanguardia Noticias David Byrne lanza colaboración con Natalia Lafourcade Martes, 28 de Abril de 2026 Vanguardia Noticias Roger Eno prepara EP ''Without Wind / Without Air: Rarities'' Martes, 28 de Abril de 2026 Vanguardia Discos Nine Inch Noize Martes, 28 de Abril de 2026 Vanguardia Noticias Tricky revela detalles de su primer disco en seis años Lunes, 27 de Abril de 2026 Vanguardia Shows Asia Menor y Columpios Al Suelo: Cerrando una etapa Domingo, 26 de Abril de 2026