Christian Gálvez: los colores mestizos de una obra en constante expansión Sobre su nuevo disco "Colours", su relación con Ron Carter y mucho más Martes, 17 de Marzo de 2026 Músico prolífico, eximio bajista y original compositor, Christian Gálvez es uno de los nombres obligados del jazz y la música instrumental de nuestro país. Con una obra rotunda en lo estético, pero también en su variedad y extensión, el instrumentista está de regreso con el disco número 26 de su trayectoria: se titula “Colours” (2026, Pez Records) y será lanzado en vivo el próximo viernes 27 de marzo en el Teatro Nescafé de las Artes. Integrado por cuatro composiciones, cuya pieza principal homónima dura 30 minutos, se trata de un viaje sonoro de pura intensidad, en el que predominan los sonidos del órgano, una sólida base rítmica y, por supuesto, las líneas de bajo y los solos siempre dinámicos y virtuosos del titular. En una exhibición de la más pura tradición del jazz-rock, “Colours” integra ritmos africanos, con el swing del jazz clásico y el rock progresivo instrumental más visceral, siempre con una manera muy idiosincrática de enfrentar la composición. Con la participación de la leyenda del contrabajo estadounidense Ron Carter -parte del histórico segundo gran quinteto de Miles Davis-, “Colours” es un importante nuevo capítulo en el cuerpo de trabajo de un Gálvez que no deja de crear y lanzar nueva música en distintos formatos. Sobre los detalles de este flamante disco, pero también de sus percepciones acerca de la música y sus estilos, de su admiración por la guitarrista estadounidense Emily Remler, -a quien le dedica un tema en “Colours”-, su trabajo con relevantes músicos como Eddie Gómez, John Patitucci y Dave Young, entre varios otros tópicos, conversamos con el músico nacional. -Hola Christian, muchas gracias por tu tiempo y por las ganas de conversar sobre tu trabajo. Hablemos de este nuevo disco “Colours”. ¿Qué quisiste expresar con este título o de qué manera se refleja esa idea metafórica de “colores” en las canciones del álbum? -Discográficamente mi trabajo es continuo y cada álbum siempre tiene relación con el otro. Este es mi título número 26 como solista, entonces “Colours” forma parte de esa familia de álbumes que voy sacando y que procuro sea uno por año. De hecho, justo este 2026 lanzo el disco número 26, así que se cumple, más o menos, la regla de editar un LP por año desde que lancé mi primer disco homónimo en 2000. Durante la pandemia no edité un álbum, y esto tiene que ver con este trabajo “Colours”. Después de que pudimos "desencerrarnos", me volví loco. De hecho, un año edité dos discos, al año siguiente publiqué tres y luego, empecé a sacar uno por año nuevamente. ¿Por qué te cuento esto de la pandemia? Porque hay piezas que fueron compuestas en ese momento. Desde el inicio de la pandemia, cuando paré de sacar discos hasta que volví a editar, hice un montón de música. Fui uno de los que tuve el privilegio de trabajar desde mi casa y ahorrar tiempo en traslados. Logré subsistir haciendo clases online, trabajando en el estudio de grabación, sacando permisos temporales para que los músicos llegaran al estudio a grabar, haciendo mucha pega como "lives" en YouTube y conciertos virtuales. Así que, en ese contexto, tuve tiempo para dedicarme a crear música. Compuse alrededor de 70 u 80 canciones o ideas de canciones. Hay un par de piezas de este disco que fueron compuestas en ese contexto. “Colours” específicamente, es el nombre de la suite que escribí para este álbum. Es una obra que dura 30 minutos. Es raro, porque es como ir a contrapelo. La música cada vez tiene menos duración; mientras más cortita la canción, parece que hay más posibilidad de éxito o de lograr sintonía con los cabros de ahora. Mi hijo pequeño, el Nicanor, le encanta una canción que dura 40 segundos y es su tema favorito. Todo se está acortando, parece que esto del "scroll" está muy en la generación de ahora. Entonces, sacar una pieza que dura 30 minutos es ir absolutamente en contra de la corriente. -Es casi un acto de resistencia hoy en día. -Totalmente. La suite "Colours" es el corazón del disco. Está dividida en movimientos, pero la idea es que sea una experiencia continua. No es música para "picar" o escuchar aleatoriamente; es para sentarse y dejar que los “colores” de la instrumentación te lleven. -Cuando hablas de "Colours", ¿te refieres a una asociación visual con las notas o es más bien por la variedad de timbres que usaste? -Ambas. En la música, sobre todo en el jazz y la música improvisada, hablamos mucho de "colores armónicos". Una escala puede ser brillante como un amarillo o densa y oscura como un violeta profundo. En este disco busqué texturas específicas. Quería que cada pasaje de la suite tuviera una identidad cromática clara. Por eso el nombre no podía ser otro. Es un disco muy visual, a pesar de ser puramente auditivo. La “huella digital” de Ron Carter -¿Cómo conociste a la leyenda del jazz, el contrabajista Ron Carter y cómo fue que llegó a participar en el tema ‘Blanquito’ de “Colours”? Estamos hablando de una de las figuras más grandes del contrabajo. -Fue un proceso de mucha gestión, pero sobre todo de respeto por la música. Ron es un caballero, un profesor constante. Estar en el estudio con él en Nueva York es como recibir un doctorado en cada compás. Lo increíble es que él se tomó el tiempo de entender mi propuesta. No fue solo "llegar y grabar", hubo un diálogo. Él aportó su elegancia característica, pero siempre respetando la esencia de lo que yo quería lograr con “Colours”. Y bueno, llegar a Nueva York con las partituras bajo el brazo fue un momento de muchos nervios. No es solo ir a grabar, es ir a presentarle tu visión a alguien que ha definido la historia del jazz. -Me imagino. ¿Cómo fue ese primer contacto en el estudio? ¿Es tan imponente como uno pudiese pensar? -Claro, es imponente por su estatura física y su trayectoria, pero es un hombre de una generosidad increíble. Llegó al estudio, sacó su contrabajo y lo primero que me dijo fue: "¿Qué es lo que tú escuchas aquí?". Me dio el lugar de director desde el segundo uno. Grabamos en un estudio muy clásico de la ciudad. Ron Carter tiene un sonido que es como una huella digital; apenas toca una nota, el aire de la pieza cambia. -¿Hubo espacio para la improvisación o estaba todo estrictamente escrito para las composiciones de “Colours? -La suite tiene una estructura clara, pero en el jazz si no hay espacio para que el otro proponga, le quitas el alma a la música. Por ejemplo, Ron propuso líneas de bajo que yo jamás habría imaginado y que terminaron de "colorear" la pieza de una forma magistral. -¿Cómo sientes que “Colours” integra la sensibilidad chilena y latinoamericana, con ese sonido cosmopolita de Nueva York? -Siento que la música no tiene fronteras, pero sí contextos. Chile tiene una melancolía y una fuerza rítmica, que yo llevo conmigo. Al juntar eso con la tradición de Nueva York, se produce un choque de “colores” muy interesante. No suena a un disco gringo, suena a un disco mestizo, y eso me enorgullece mucho. A estas alturas, con 26 discos, ya no busco demostrar nada técnico. Busco que la música sea honesta. Grabar con Ron Carter fue validar que el camino de la honestidad musical es el correcto, sin importar si estás en Santiago o en Manhattan. -Hablemos un poco de cómo fue el inicio de esta relación con Carter, que debe ser de los contrabajistas más importantes del mundo. -Tengo entendido que Ron es el músico de jazz que más grabaciones tiene. De hecho, está inscrito en el libro de los Récords Guinness por aquel récord. Ha grabado cosas históricas con Roberta Flack, Miles Davis y todos los jazzeros hasta el día de hoy. Es un músico que se mantiene muy activo. En mi caso, tengo una amistad y relación con él desde hace muchos años porque compartimos manager durante un buen tiempo. Me refiero a Alejandro Orellana, que es un súper agente y manager internacional, creador, entre otras cosas importantes en Chile, del WOMAD. Alejandro es mitad chileno y mitad italiano, vivió mucho tiempo en Italia y fue manager de grandes músicos de aquel país como Mimmo Locasciulli o Vinicio Capossela. En una de esas venidas a Chile a visitar a sus padres nos conocimos y empezamos a trabajar juntos. Él trabajaba con Ron en esa época, así que, a través de él, siempre nos mandábamos mensajes de ida y vuelta. -¿Cómo fue la experiencia de grabar el disco entre Santiago, en los estudios Pez Records, y Nueva York, en los Mozart Studios? ¿Cómo se puede apreciar la integración y la cualidad sonora de ambos estudios en el disco? -El estudio Mozart en Nueva York es increíble, maravilloso. Tiene equipos de muy alta gama y es un estudio que uso recurrentemente. En general, desde hace muchos años, mis discos están grabados en distintos estudios, ya que siempre estoy viajando, así que he grabado en Italia, España, Argentina y en este estudio de Nueva York. En Chile, Pez Records es un estudio que tengo más o menos hace 25 años y tiene equipos de nivel mundial. Desde hace muchos años que le compramos a Croma, que es una empresa que importa cosas de alta gama. A nivel técnico y con respecto a la calidad, estamos súper a la par con los estudios internacionales. De hecho, en Pez Records usamos una consola Solid State Logic inglesa, que la importamos especialmente para poder grabar nuestras cosas. Así que estamos full en tecnología y en equipamiento de alta gama para grabar en nuestro estudio. Mozart lo opera su propio dueño que es Kostadin Kamcev y acá en Chile lo maneja Fernando Bosch, que ya lleva en Pez 20 años. Además, tengo un equipo técnico maravilloso, entre ellos, los ingenieros Dylan Fuentes y Mateo Vergara y el productor musical Nicolás Lacampetre. Entonces, para que no exista una diferencia de un estudio a otro, lo que hacemos es grabar con la misma ficha técnica. Por ejemplo, si a Ron Carter en el contrabajo le pusimos tal lo cual micrófono, lo que hacemos en Chile es homologarlo usando el mismo micrófono. Si en Mozart estamos utilizando preamplificadores Rupert Neve, acá en Pez hacemos lo mismo y así vamos empatando la sonoridad. “Música popular, música del pueblo” -Hay un tema dedicado a la guitarrista neoyorquina Emily Remler. Cuéntanos un poco quién fue ella y de qué se trata este homenaje presente en “Colours”. -Ella fue una de las primeras guitarristas mujeres de jazz, una súper exponente, que dio la batalla para ganarse un espacio en los 70 y 80, en un contexto en que el machismo era imperante en Nueva York y en todos lados. Hizo una carrera maravillosa y es una canción que está inspirada en ella. El motor de querer hacer el homenaje a Emily no es solo musical, sino que también destacar que ella rompió todos los esquemas cuando apareció, tocando además música de altísimo nivel en este contexto de machismo, que también era muy fuerte en el jazz. Le costó mucho abrirse paso en esta escena jazzera, pero lo logró y terminó grabando y tocando con grandes músicos del jazz mundial, haciendo una carrera asombrosa. Especialmente aquí en Chile, ella tuvo harta rotación en antiguas radios de jazz, por ejemplo, la Radio Clásica. Nosotros, los más jóvenes, que nos criamos con esa radio en los 90, aprendimos de jazz escuchándola a ella y a muchos otros músicos. En particular, Emily influenció mucho en mi forma de sentir las melodías y de tocar. Para mí es un ícono, no solo por la lucha que hizo por ser una mujer guitarrista, sino que también por lo bien que tocaba y por sus hermosas composiciones y arreglos. De verdad, fue una música excepcional, así que compuse esta canción dedicada a ella, por lo que significa en mi historia musical. -Vamos un poco al pasado y hablemos del disco “The Art of Chordmelody” de 2019, en el que tuviste la experiencia de grabar con bajistas y contrabajistas del peso y la historia del mismo Carter, Eddie Gómez, John Patitucci y Dave Young, entre otros. ¿Cómo se concretó aquella grabación y qué nos puedes comentar sobre aquel álbum? -Fue un sueño cumplido haber grabado con todos ellos. El contrabajista canadiense Dave Young es una leyenda, que tocó con el pianista Oscar Peterson, el guitarrista Joe Pass, con la Ella Fitzgerald, o sea, imagínate. También tocó con uno de mis guitarristas favoritos de la vida, que es Lenny Breau, entonces fue extraordinario poder contar con él. Ya habíamos hecho giras juntos y también grabamos un álbum en colaboración que se llama “The Jazz Connection”, en el que también participan Alejandro Espinoza en batería y Agustín Moya en saxo. Volviendo a “The Art of Chordmelody”, también está el recordado Cristián Cuturrufo y quise invitar a un par de contrabajistas amigos míos y muy jóvenes, como el contrabajista peruano Jorge Rueder, también pensando en las nuevas generaciones. Invité a Pablo Menares representando a Chile. Él es un tremendo contrabajista de la generación de los 2000, que hoy está de gira mundial con Melissa Aldana y que tocó en varios discos míos de estudio. Entre ellos “Imaginario”, “Crisálido” y en el disco en vivo “Live at the Blue Note”. En general, son músicos extraordinarios, jóvenes que están en full ascenso de sus carreras. Y bueno, los tres íconos más importantes que son los que yo quería tener sí o sí en el disco, que son el maestro Eddie Gómez, que siempre lo admiré y amé su forma de tocar, por ejemplo, en el trío de Bill Evans o con Chick Corea y esas bandas maravillosas. Luego, tuve la posibilidad de llamar a John Patitucci, del que todos conocen su carrera y su increíble forma de tocar y que hoy por hoy está plenamente activo. Y la mega mega estrella que es el maestro Ron Carter que ya te comentaba hace un rato. Con algunos de ellos seguimos colaborando, por ejemplo, en mi disco “New Horizon” invité a Patitucci en una canción, en “Leve” toca Eddie Gómez y ahora en este disco que estamos lanzando, invité a Ron Carter. Entonces, además de haber sido hermoso álbum que hicimos con ellos, también fue un lindo nexo para poder seguir trabajando en mis discos posteriores. Se conserva ese cariño, esa amistad con ellos y seguramente en el futuro voy a seguir grabando. De hecho, tengo en carpeta un segundo volumen de “The Art of Chordmelody”, que pretendo sacar en 2027. -Una pregunta más genérica y abierta. ¿Cómo ves que en tu obra se han encontrado estilos como el jazz, el rock, la fusión y el folklore, para crear tu propia identidad como compositor e instrumentista? -El jazz, el rock y el folclor los veo siempre desde el prisma de que son músicas populares, que tienen una misma raíz. Obviamente, vienen de distintas fuentes genealógicas cada una, por decirlo de alguna forma, pero identifico claramente dos o tres. Primero la influencia de la música africana, que aparece por el jazz, incorporando toda esta historia y sonoridad de la música de aquel continente. Otra corriente, que trae toda la información como más armónica y melódica, viene de la música clásica europea. Por otro lado, está la línea que fluye desde el folclor americano, nativo, con mixturas de influencias de la música gitana, árabe, que llegó a través de los españoles aquí a América. Todas estas músicas, como el jazz, el rock, la fusión, el folclor, tienen profundas raíces comunes. No lo entiendo como algo separado. Para mí es algo natural pasar del rock al jazz y del jazz a alguna corriente instrumental contemporánea y de ahí saltar al folclor. En el fondo estamos siempre hablando con el mismo código. Para mí el jazz está muy lejos de ser una música elitista, como la gente cree. Al contrario, es música popular, es música del pueblo. Pero te insisto, para mí es como tocar sobre la misma clave, sobre el mismo código y, aunque cambie un poco la instrumentación, estamos hablando siempre el mismo idioma, el mismo lenguaje y la improvisación que es un lenguaje universal, que es como conversar. Es como hablar sobre un tema y opinar e intercambiar ideas con otros. Con el rock uno usa otras cosas, que tienen que ver con el volumen, con el poder, la precisión o la utilización de la distorsión, que son elementos que entrega ese estilo, pero básicamente estamos hablando sobre lo mismo. -Finalmente, cuéntanos cómo será este lanzamiento de fines de marzo. ¿Habrán invitados? ¿Cuál será el repertorio? -Vamos a presentar el disco en su totalidad. Es un desafío técnico y emocional, pero después de tanto tiempo de composición desde la pandemia, es necesario soltar esta música frente al público. Voy a tocar con con mi Organ trío, que es la banda base con la cual vengo girando desde hace dos años. Hemos recorrido todo Chile e hicimos un tour europeo ahora hace unos meses. Es una banda que está súper probada, hemos tocado harto, participamos en festivales grandes en todo Europa, etc. Felipe "Vakuno" Salas está en órgano Hammond y Sebastián Acevedo en batería. Con ellos conformamos el trío base. Para complementar este concierto de lanzamiento, tengo dos invitados. Claudio Ortuzar en la percusión y Nelson Arriagada en el contrabajo. Claudio es un histórico percusionista chileno, que ha tocado con Gondwana, De Kiruza, y Nelson es un prolífico músico de jazz de acá de Chile, que también es chelista, estudió en Europa y es uno de los fundadores de La Banda del Capitán Corneta. Así que esa es la invitación este 27 de marzo, en la que esperamos que todo el público nos acompañe en este viaje que es “Colours”. *A continuación puedes ver el afiche del lanzamiento del disco -entradas aquí- y, más abajo, escuchar el disco de manera íntegra. Héctor Aravena A. Tags #Christian Gálvez #Colours Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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