Pet Shop Boys: De la memoria personal al clamor colectivo El peso del dúo británico a través de diferentes voces Miércoles, 01 de Abril de 2026 Publicado originalmente en revista Rockaxis #272, febrero de 2026. A razón del regreso de los ideólogos del synthpop británico, conversamos con Verónica Calabi, Marcelo Contreras, Fonosida y El Significado de las Flores, sobre su vínculo con la banda, influencias, el esperado concierto en el Movistar Arena y más. Karin Ramírez «Cuando los vi, pensé, “la cagó, esto es un parque de diversiones, es Fantasilandia”». Cuando los sonidos se conectan con emociones por primera vez, pareciera ser un verdadero acto de magia, porque las sensibilidades se encargan de actuar en espacios donde la alquimia no tiene margen de acción, porque la música jamás será una experiencia aislada, sino que es el inicio de una historia que no se termina de contar. Así, podemos decir que la memoria se puede escribir desde la música, desde quienes sienten, viven y trabajan por ella. El recuerdo es de la periodista y locutora radial Verónica Calabi, en donde su memoria biográfica se conecta con Pet Shop Boys con esa primera vez que los pudo ver en vivo. Distinto camino, mismo destino. María Bruma de El Significado de las Flores, conoció al dúo conformado por Neil Tennant y Chris Lowe escuchándolos por la radio. «Es una banda que sonó muchísimo, al menos en la música de mi infancia. Yo soy de Antofagasta y allá hay una radio que se llama FM Plus, que toca mucha música de los ochenta y noventa. Además, tengo un hermano que es 15 años mayor que yo, entonces cuando era muy chica él estaba en la etapa de salir, carretear, y esa música sonaba harto en la casa. Creo que por ahí va también mi vínculo con la banda». Esa misma suerte corrió Francisco Soto, bajista de Fonosida, quien ad portas de su presentación en Lollapalooza, reconoce el profundo impacto que el pop de Pet Shop Boys tuvo en su formación musical. «Era chico y estaba viendo un festival que se llamaba Live Aid. Ahí aparecían los “dinosaurios” de siempre, pero también había escenarios en lugares como Rusia, con recintos cerrados, y fue ahí donde los conocí, alrededor del año 2005. Fue muy interesante ver todo ese pop y la puesta en escena que tenían, en contraste con otros artistas. A partir de ahí empecé a conocer mucho del pop de los ochenta gracias a ellos». Desde una perspectiva crítica, el periodista cultural y crítico de música Marcelo Contreras entrega claves nítidas sobre el impacto de la banda en el espacio personal de la memoria social. «Para mucha gente representan ‘West end girls’ o ‘It’s a sin’, a pesar de que fácilmente tienen entre 15 y 20 hits. Construyen su capital principalmente en los años ochenta y noventa, y luego viene lo que ocurre con los grandes artistas: la administración de ese legado, editando discos que están a la altura de su propia historia. Neil Tennant, además, es un cantante extremadamente elegante, casi un crooner. No es alguien que necesite gritar ni forzar el registro. Mantiene la voz, y cuando lo escuchas en vivo, cierras los ojos y suena prácticamente igual a los discos. Eso es fidelidad artística». Capital cultural, legitimidad estética y política de la representación Uno de los rasgos que permite comprender la perdurabilidad y singularidad de Pet Shop Boys dentro del paisaje del pop contemporáneo es la consistencia de su proyecto estético, entendido no solo como una suma de canciones exitosas, sino como la construcción sostenida de un universo simbólico propio. En palabras de Verónica Calabi, «la diferencia con otras bandas de la época está en la coherencia estética que tienen. Es una banda que construye universos: más allá de tener una enorme cantidad de hits, cada era tiene su propia narrativa visual, su propio concepto, su gráfica y su sonido». Esa construcción estética, lejos de ser un mero adorno visual, se inscribe en una comprensión sofisticada del pop como lenguaje cultural. En este sentido, la banda logra tensionar los límites tradicionales entre centro y margen, incorporando discursos que históricamente han sido desplazados o silenciados, particularmente aquellos vinculados a la disidencia sexual y la cultura queer, sin recurrir a la explicitación directa. Según Marcelo Contreras, «siempre han sido muy elegantes y sutiles al desplegar la idea de libertad. Hay un traspaso del tema de los géneros, por supuesto, considerando la condición declarada de Neil Tennant, pero nunca lo convirtieron en una bandera explícita. Esa sutileza era muy habitual en la música de los años ochenta. A veces hoy se dice que antes no existía libertad de expresión en términos de género o sexualidad, pero basta revisar a artistas como George Michael, Queen o Blondie. En el caso de Pet Shop Boys, esa libertad siempre fue más implícita, más elegante, menos explícita que en otros casos, y eso también es parte de su identidad». Desde una perspectiva histórica, la apuesta creativa e implícitamente política de la banda, se manifiesta en la manera en que Pet Shop Boys comprendió tempranamente el entramado de la industria cultural como un dispositivo global, donde la imagen, el relato y la circulación mediática son tan relevantes como la música misma. La decisión de no realizar giras durante sus primeros años de mayor éxito y destinar esos recursos a la producción de videoclips de alta factura cinematográfica evidencia una lectura adelantada de los mecanismos de visibilidad y consumo cultural. Sobre esto, Contreras comenta que «lo primero es que es un grupo que, cuando debutan en 1985 con ‘West end girls’ –un single fabuloso– ocurrió algo muy particular: entre 1985 y 1989 no hicieron ninguna gira. El dinero que el sello les entregaba lo invirtieron íntegramente en videos promocionales. Eso demuestra algo interesante, sobre todo cuando hoy nos sorprendemos diciendo que esta época está sosteniendo fenómenos que nunca antes habían ocurrido. Ellos fueron reyes del synthpop durante esos años sin salir de gira, porque destinaron esos recursos a producir videoclips extraordinarios. Tenían una forma completamente distinta de entender la promoción musical y la relación con el público, basada no solo en la música, sino también en la estética». Temporalidad social y factor nostalgia La vigencia y trascendencia de los británicos se explican, en parte, por su capacidad de activar la nostalgia como un recurso social compartido, al mismo tiempo que sus canciones continúan circulando, resignificándose a través de covers, relecturas e intertextualidades que las mantienen vivas en distintas escenas musicales. «Su vigencia radica en que siempre supieron leer su época. En sus letras hablaron de política, sexualidad, identidad, consumo, calle y ciudad, en tiempos en que no muchas bandas abordaban estas temáticas. Otro punto muy importante es que nunca se han quedado atrapados en la nostalgia, sino que han sabido trabajar con productores y sonidos más contemporáneos, incorporando nuevas lecturas del synthpop», subraya Verónica Calabi al respecto. En anexión a la perdurabilidad de su propuesta como enclave de vigencia, esta misma se articula desde la nostalgia, como si el tiempo funcionara como dimensiones de construcción de una historia. Marcelo Contreras enfatiza en que «Pet Shop Boys representa, por un lado, la nostalgia, pero al mismo tiempo es una banda creativamente persistente. Siguen editando material interesante, siguen haciendo giras visualmente atractivas y no ofrecen una mirada nostálgica del pasado, sino una celebración de su música a través del tiempo. A estas alturas, su música suena atemporal: no depende del calendario ni de anticipar tendencias del pop electrónico, sino que ya existe un lenguaje propio de Pet Shop Boys. Y hoy, que llevan años haciendo giras, tienen un montaje que es súper entretenido, que es una verdadera fiesta». Bajo esta construcción conceptual de temporalidad como lectura propia de la trayectoria de Pet Shop Boys, también se adiciona el factor de replicabilidad de Pet Shop Boys en artistas de distintos espacios enunciativos. «Me encanta la influencia que tienen en distintos estilos. Por ejemplo, Ghost –esa banda medio hard rock, medio metalera– tiene un cover de ‘It’s a sin’ que me gusta mucho. Esa canción, en general, me encanta. También me llama la atención cómo logran esa trascendencia entre distintos géneros. Incluso Chayanne, en los noventa, cuando vino al Festival de Viña, hizo un cover de ‘Domino dancing’. Me gusta mucho cuando las bandas alcanzan ese nivel de cruce estilístico», sostiene Cristóbal Faúndez, de Fonosida. Por su parte, la trascendencia de los británicos también se expresa en la capacidad de reproducibilidad, entendidos como una forma de influencia cultural sostenida en el tiempo. En este sentido, María Bruma señala que el dúo «forma parte de nuestro inconsciente colectivo, no solo como banda, sino también a nivel generacional. Haber nacido en los ochenta o en los noventa implica crecer con esa musicalidad de la que Pet Shop Boys es parte: una sonoridad muy característica de su época, especialmente de su momento más mainstream. Pero, al mismo tiempo, como banda han sabido mutar, adaptarse a los tiempos. Entonces siento que por ahí va un poco su influencia, en cómo se han ido adaptando». Ante el impacto de la banda en la memoria social y cultural, Contreras aporta una arista clave al análisis de su éxito y perdurabilidad a lo largo del tiempo, porque Pet Shop Boys ha sabido sostener una relación particular con el escenario: «hay una fidelidad absoluta a lo que registraron, pero con una voluntad escénica que contrasta con sus personalidades más contenidas. Aun así, les gusta la fiesta, el disfrute, y eso se nota en escena». Regreso a Chile y presentación en Viña del Mar El regreso de la banda a suelo nacional por partida doble instala a Pet Shop Boys en un lugar central de la conversación cultural y mediática, especialmente en el marco de un evento transversal y de alta visibilidad como el Festival de Viña del Mar. Para Marcelo Contreras, la confirmación del dúo en la Quinta Vergara responde en gran medida a la nostalgia y la necesidad del certamen de contar con una presentación anglo de gran envergadura. En sus palabras, «me parece fantástico que se concrete su presentación en el Festival de Viña, porque un evento como el certamen de la Ciudad Jardín necesitaba un número internacional absolutamente validado, que no obedezca solo a la nostalgia –aunque esta siempre es un gran atractivo–, considerando además que ese público es súper heterogéneo en términos etarios y generacionales». En esa misma línea, el periodista subraya que la presencia de un espectáculo de esta envergadura contribuye a reforzar la vigencia simbólica del festival, cuestionando los discursos recurrentes que anuncian su desgaste. «La posibilidad de que un espectáculo así se presente en el Festival de Viña definitivamente le da realce al evento. Muchas veces se instala el lugar común de que el festival está en decadencia o que ya no le importa a nadie, pero esas ideas se desmienten año a año cuando aparecen las estadísticas de audiencia y de impacto: el Festival de Viña sigue siendo, sistemáticamente, lo que más marca en Chile», concluye. En efecto, Pet Shop Boys aparece aquí como un dispositivo de memoria compartida, como la posibilidad de reconocer que la música se recuerda y se habita de forma constante. En los relatos acá compartidos, se evidencia la diversificación de conexión con la banda, reconociendo primeras escuchas ancladas a la radio de infancia, a la casa familiar, a la pista de baile, a espacios donde la experiencia individual se vuelve social. Desde ahí, Pet Shop Boys iza bandera como reflejo de vigencia, pero no una que reconoce solo hits, sino por la capacidad de activar una memoria emotiva que sigue en movimiento. En este sentido, la memoria no opera como un archivo cerrado ni como una definición fija, sino como una práctica viva, porque se construye en conjunto, en diálogo, en el cruce entre biografía, cultura y tiempo histórico, por lo mismo, Pet Shop Boys importa porque permite ese gesto colectivo (recordar, sentir y celebrar), donde la memoria no se hereda intacta, se construye, se comparte y se vuelve presente cada vez que su música vuelve a ponernos los pelos de punta. Tags #Pet Shop Boys #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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