La Ley: El rescate en alta fidelidad de "1988" Germán Bobe se refiere a la reedición del álbum debut Viernes, 27 de Marzo de 2026 Publicado originalmente en revista Rockaxis #272, febrero de 2026. Un verdadero rescate patrimonial significó la remasterización del disco debut de La Ley, que llega en formato en vinilo gracias a un rescate técnico y una reedición definitiva. Un relanzamiento no llega solo: es también el cierre de un ciclo emocional tras el recuerdo de Andrés Bobe y la partida de Carlos Fonseca, quien tuvo estas grabaciones bajo su cuidado hasta sus últimos días, y un diálogo entre épocas que incluye remixes de artistas actuales. De esto y más hablamos con uno de sus gestores, Germán Bobe. Bárbara Henríquez En la historia del rock chileno hay mitos que, hasta hoy, solo existían en el boca a boca que se traspasaba en casetes pirateados o en fotos de mala calidad de alguna web perdida por el espacio-tiempo. El debut de La Ley, titulado “1988” y editado bajo el sello Fusión, permaneció por casi cuatro décadas en el exilio de lo inconcluso, como una pieza de culto experimental grabada por la tríada fundacional de Andrés Bobe, Rodrigo Coti Aboitiz y Shía Arbulú. Lo que para muchos fue por años solo una leyenda, hoy se revela como un verdadero big bang de sofisticación sonora que cambió el pop chileno para siempre. El rescate de este material fue, ante todo, un acto de justicia. Tras dar con los masters originales en la Biblioteca Nacional, se inició una "labor de joyería" liderada por Germán Bobe (hermano de Andrés) para que el disco abandonara por fin el siseo de la cinta. El resultado es un vinilo doble que le devuelve al álbum su cuerpo físico y un sonido que Germán define como «un tesoro que estaba perdido y que ahora tiene un cuerpo físico disponible para el mundo». Aquí no hay solo nostalgia por el pasado; es el choque frontal entre la urgencia creativa de una generación que dejaba atrás la dictadura y la pulcritud europea de un Andrés Bobe que ya era un genio temprano del sonido. En marco de su lanzamiento, conversamos con Germán Bobe, el cineasta y gestor patrimonial desglosa estas seis canciones, entre recuerdos de la herencia visual, detalles técnicos de la obra y el anuncio que ya se hacía presagiar: el regreso de Shía Arbulú a los escenarios chilenos para saldar, por fin, una deuda con el presente. Para quienes no crecimos sincrónicamente con esa historia, redescubrir esta etapa con Shía Arbulú ha sido fascinante. ¿Cómo era La Ley en ese 1988? ¿Cómo recuerdas la energía interna de esa primera etapa de la banda antes de que todo explotara? Era una etapa súper creativa y experimental. Había todo un movimiento; toda la juventud en ese momento estaba lista para explotar y expresarse porque estábamos terminando la dictadura. Y bueno, la democracia viene también –aparte de todo el tema político–, con una cosa propia de las personas: queremos un cambio, no queremos seguir hablando de Pinochet ni cantando "a la batea". Esta generación quería hablar de otras cosas, y La Ley con este álbum representan muy bien eso, en el sentido de que ya empiezan a mirar hacia el futuro, hacia otro lado. “1988” es un disco electrónico, que tiene dos teclados, guitarra y voz, nada más. Al mismo tiempo, es un disco de pop pulcro, muy bien trabajado, donde los sonidos tienen una calidad y un rango muy especial. Eso lo convierte en una pieza adelantada para su época por cómo está pensado, cómo se produce y lo que proyectaba. Más allá de que quisieran o no, la banda se deshace porque Shía se va a España, pero quedó una proyección muy fuerte para ese álbum. Si ella se quedaba acá, te aseguro que hubiese crecido de todas maneras. Mencionas a Shía, que al menos para mí siempre fue una especie de figura mitológica. A la distancia, ¿cómo defines su aporte en la construcción de este imaginario de Andrés? ¿Qué tenía que encajó tan bien con esa propuesta, teniendo una estética distinta a la de Beto? Es que son dos etapas distintas de la banda. La etapa donde está Shía es mucho más experimental; Andrés y Coti se juntan y empiezan a crear música de una manera casi espontánea, porque ya venían trabajando en otros proyectos juntos. Cuando necesitan una vocalista, Carlos Fonseca les sugiere a Shía, la conocen y les encantó altiro. Shía venía del grupo Nadie y fíjate que hoy ella tiene escritos como siete libros; se maneja increíble con las letras y escribió todas las canciones de este disco. Ella encajó perfecto con ellos dos. Si uno escucha el álbum, la voz de Shía es espectacular. No siguió adelante por situaciones personales de ella, pero le dio un sentido muy especial a todo. Considerando que tú también contribuiste a la imaginería visual de la época, en un Chile complejo, ¿cómo se nutrían creativamente? ¿Qué escuchaban y qué veían para construir esa estética en un Santiago todavía tan gris? Yo no trabajé con La Ley, era el hermano chico de Andrés y fan de lo que él hacía, pero nunca hice videos ni nada con su imagen. Lo mío era experimental y Andrés tenía un camino pulcro, muy bien pensado y estructurado hacia la industria, más allá de que fuera algo muy innato y natural en él. Pero ellos sí se preocuparon desde un principio. Por ejemplo, cuando hacen este disco, hacen un brainstorming de nombres; Shía tenía una lista y eligen "La Ley". A todos les gustó. Pero además se proyectan de una manera muy distinta al resto porque el logo, por ejemplo, se lo piden a Arturo Duclós –que ya era un pintor de renombre– y a Vicente Vargas –un gran diseñador– que en esa época trabajaban juntos. Hicieron el logo en offset, o sea, diseñaron y pintaron a mano. Eso ya casi no se ve hoy. Carlos Fonseca tuvo un rol importante en este proyecto. Me imagino el peso emocional doble que trae recuperar el sonido de Andrés y, al mismo tiempo, cerrar un ciclo con Carlos. ¿Cómo fue ese proceso de trabajar con él en este rescate? Con Carlos teníamos una amistad muy linda. Él era amigo de Andrés, siempre lo fueron durante todos los noventa. En 2008 lo contacté para que hiciéramos el disco, porque Carlos tenía ciertas canciones que yo quería que estuvieran ahí. Y luego, en el 2012, lo vuelvo a buscar para que armáramos este proyecto, justamente porque él tenía los masters. Fue un trabajo que hicimos en conjunto desde ahí hasta que él falleció. Y bueno, pasó justo antes de que empezáramos a hacer toda la parte musical. Fue difícil seguir sin él porque era quien llevaba toda la batuta, pero fue un privilegio trabajar a su lado. Pude adquirir conocimientos y experiencia a través de cómo él hacía las cosas. Fue un aprendizaje tremendo. Ahora que tienen el vinilo listo, remasterizado, ¿qué te pasa a ti al escucharlo con esa calidad después de tanto tiempo? Fue una felicidad muy grande llegar a escuchar los test pressing. Siento que hay todo un camino recorrido que concluye y comienza al mismo tiempo; finalmente tenemos los discos que hace tanto rato queríamos tener. Escucharlos fue muy emocionante. No hay nada que se compare con el sonido del vinilo. Trabajamos mucho el sonido para que tuviera esa calidad. Es muy emocionante y creo que es lo que va a pasar con estos álbumes: son el sueño de toda la gente que era fan de La Ley. Y también para los que quieran conocerlo ahora, se van a encontrar con un sonido espectacular. ¿Te pasó que te encontraste con detalles que antes no se apreciaban? ¿Algo que te sorprendiera al escucharlo con la tecnología de ahora? Claro que sí, la gama de audio cambia totalmente. Aparecen montones de soniditos y ruiditos que alguna vez escuché cuando Andrés y Coti grababan. Pero esto va más allá, porque ya dices: «finalmente este tesoro que estaba perdido tiene un cuerpo físico y está disponible para ser apreciado por todos». Es el comienzo y es una felicidad. Pero sí, el sonido evidentemente cambió. La edición incluye material inédito, fotos que no conocíamos... cuéntanos también de eso. Claro, tenemos un material fotográfico amplísimo y esa fue la base para poder crear todo esto. Piensa que el original era un casete que tenía un par de fotos y nada más. Nosotros tuvimos que crear algo de cero, porque el vinilo y el CD nunca existieron en ese momento. Con ese material fotográfico pudimos seleccionar fotos inéditas muy lindas para un booklet que viene con un texto de Marisol García. Es un texto que está muy, muy bueno, enfocado totalmente en este disco. La gente lo va a disfrutar mucho porque ahí la historia está contada de forma súper clara; Marisol entrevistó a Shía, a Coti... está todo documentado. Escuché el single y quedé sorprendida con lo moderno que suena. También vi el clip de Instagram que subiste de María Bonobo. Los vi haciendo el lip sync y recreando toda esta estética de “1988” con una caracterización que quedó perfecta. ¿Cómo fue el criterio para seleccionar a estos artistas del segundo vinilo? Mira, el disco del 88 traía seis canciones originales y para llegar al estándar de diez, le pusieron un instrumental y tres versiones extendidas. Para esta versión nueva, quise hacer remixes, pero pidiéndole cada uno a una persona distinta. Investigué mucho, no quería tomar el camino obvio. Pregunté, escuché y elegí a María Bonobo porque su sonido me parecía muy fresco, muy joven. Hicieron lo que yo llamo un rework, porque es más que un remix; es una versión distinta. Le dan una instrumentación nueva y musicalmente hicieron algo increíble, una especie de "Rapsodia Bohemia" pop. El criterio, claro, fue buscar a alguien que fuera parte de este mundo de alguna manera porque no queríamos cambiar el sonido, sino darle un sello distinto. También vi que participan Sokio y Cristián Heyne. Sí, Sokio hizo una versión espectacular con cuerdas; es muy electrónico, muy distinto. Es casi otra canción. ‘Solo un juego’ ahora tiene un beat arriba, mientras que lo original es calmo y te lleva para otros lados. Y también está Cristián Heyne, que hizo una versión increíble de ‘A veces’, preciosa. Y lo mejor es que todos tienen un nexo con este álbum. Sokio siempre amó este disco y Cristián dice que es de sus favoritos de la música chilena. Él, cuando tenía unos 16 o 17 años, fue a un ensayo de la banda en el 88; fue de los pocos que los vio tocar en una sala, porque La Ley con Shía nunca tocaron en vivo. Dice que cuando estuvo ahí se inspiró para su propia carrera. Yo no sabía esa historia, pero cuando lo contacto y me la cuenta, se produce una especie de magia. Le estaba pidiendo que hiciera la canción que más le gustaba sin yo saber todo eso. Así se han ido produciendo estos puntos cardinales lindos en el disco, hay como una mística ahí. El foco en este disco está 100% enfocado en la composición de Andrés. A 30 años de su partida, ¿qué rasgo de su forma de componer crees que se revela con más fuerza en este disco, que quizás se perdió en otras producciones un poco más pulidas? Creo que hay un sentido pop muy fuerte. La Ley que vino después sigue siendo pop –y para mí eso es algo muy bueno–, pero también es más rock. Este álbum tiene algo ingenuo, algo prístino, donde la guitarra de Andrés suena preciosa. No es el mismo sonido que vino después, porque él trabajó su sonido para que fuera evolucionando hasta lo que tocó con Beto, pero en esta etapa la guitarra suena distinta y es espectacular. Para la gente que ama escuchar a Andrés tocar, esto va a ser un placer. Andrés amaba el pop. De hecho, cuando falleció, estaba trabajando en canciones para un eventual disco solista, y esas canciones eran muy pop de nuevo, distintas a lo que estaba haciendo con La Ley en ese momento. Te diría que ese material se acercaba más al disco del 88. Había una especie de retorno. ¿Y qué escuchaba Andrés para inspirarse en esa época? ¿Qué era lo que más le gustaba? De más chico Andrés era muy rockero. Le encantaba Rainbow, su gran ídolo era Ritchie Blackmore; de hecho, él tocaba una Fender Stratocaster igual que él. Lo fuimos a ver en vivo y todo. También Steve Hackett, el guitarrista de Genesis, los escuchaba mucho. Esos fueron sus grandes amores en una primera etapa. Después fue escuchando otras cosas, pero en el fondo lo que siempre buscaba era la guitarra. Se fijaba en esos guitarristas que trabajaban con un sonido particular. Andrés trabajó muchísimo para llegar a un sonido propio; buscó y buscó con las pedaleras hasta que le dio un sello a su guitarra. Eso es lo especial que la gente que aprecia el instrumento puede descubrir en este disco. Y cualquier oyente también, porque los sonidos que logró son muy especiales, muy lindos. Con la reedición de este disco se empieza a trazar una nueva hoja de ruta. El sitio web y las redes se activaron. ¿Qué es lo que sigue ahora? Después viene “Desiertos”, más adelante, eso va a ser en abril. Y después, en agosto, viene Shía Arbulú a Chile. Así que vamos a tener conciertos con Shía en vivo tocando el material del 88. Las dos cosas que te estoy diciendo están confirmadas. Vamos a tener a Shía para dos shows en agosto que se van a publicitar con tiempo. Y para el lanzamiento de “Desiertos” se vienen cosas similares, pero van a ser sorpresas; ese también es un disco muy, muy esperado. Pero era importante partir con este álbum porque así contamos la historia bien. Los que no lo conocían, ahora van a poder escucharlo. Tags #La Ley #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. Ultimos Contenidos Rock Articulos FTMining ha lanzado un servicio gratuito de minería en la nube para BTC, DOGE y LTC, con ingresos diarios de hasta 9.900 dólares Miércoles, 29 de Abril de 2026 Rock Noticias A Perfect Circle visitará Chile Miércoles, 29 de Abril de 2026 Rock Noticias Star Wars Sinfónico llega a Valparaíso y Concepción Miércoles, 29 de Abril de 2026 Rock Noticias Con Pedropiedra, Javiera Electra y más: Ciclo Armónica se tomará el GAM Miércoles, 29 de Abril de 2026 Rock Noticias Festival de Música al Margen 2026: Convocatoria abierta Miércoles, 29 de Abril de 2026 Rock Noticias Concurso: The Lumineers retorna a Chile Miércoles, 29 de Abril de 2026 Rock Noticias 'Call It In': Escucha el regreso de Editors Miércoles, 29 de Abril de 2026 Rock Clásicos Eagles Miércoles, 29 de Abril de 2026