Soziedad Alkoholika: ''No puedes relajarte, hay que seguir confrontando esta regresión'' Uno de los nombres que dirá presente en Rockout 2026 Jueves, 23 de Abril de 2026 Más de tres décadas después de su formación, Soziedad Alkoholika sigue sonando con la misma urgencia que en sus primeros años, pero con una precisión aún más afilada. La banda de Vitoria regresa a Chile para ser parte de Rockout Festival 2026 este 25 de abril en el Estadio Santa Laura, trayendo consigo el peso de una trayectoria marcada por la confrontación, el ruido y una postura que nunca ha buscado acomodarse. "Confrontación", su más reciente trabajo de estudio lanzado en 2024, no solo reafirma esa identidad, sino que también deja claro que su discurso sigue tan vigente como incómodo. En tiempos donde el avance de los discursos reaccionarios vuelve a instalar viejas luchas sobre la mesa, S.A. responde como siempre lo ha hecho: con distorsión, crítica frontal y sin concesiones. En conversación con Rockaxis, Juan, su vocalista, repasó el presente de este nuevo álbum, su visión sobre la política y la música como herramienta de resistencia, la conexión histórica con el público latinoamericano y lo que esperan de su regreso a los escenarios chilenos en una nueva edición de Rockout. - En 2024 lanzaron "Confrontación", que llega después de varios años desde "Sistema Antisocial", pero escuchándolo da la sensación de que la urgencia sigue intacta. ¿Qué cambió en ustedes durante ese tiempo y qué definitivamente sigue siendo innegociable dentro de la banda? - Yo no creo que hayamos cambiado demasiado, la verdad. Siempre hemos tenido una línea bastante clara. Quizás vamos añadiendo algunas cosas en la composición musical, algunas influencias nuevas o detalles que vas escuchando con el tiempo y que te pueden influir un poco, pero seguimos haciendo lo de siempre: la música que nos gusta, meter ruido y desahogarnos. También seguimos hablando de lo que no nos gusta, de cómo funcionan ciertas cosas o de lo que nos parece injusto. Básicamente es eso, no veo que haya habido una diferencia demasiado grande. - El disco se llama "Confrontación", una palabra muy directa y muy propia de ustedes. ¿Sintieron que este álbum necesitaba un título así porque el contexto social exige menos metáforas y más frontalidad? - Sí, era un poco el símbolo de los tiempos. Con este auge tan brutal de las posiciones de extrema derecha, y viendo lo que está pasando con mucha juventud a través de las redes sociales, donde parece que todo está un poco desquiciado, defendiendo cosas que antes parecían imposibles, como ciertos posicionamientos machistas o de extrema derecha, sentíamos que había que condensar todo eso en una idea clara. La idea era justamente esa: no hay que darse nunca por satisfecho y hay que confrontar toda esta regresión a la que nos quieren arrastrar desde los sectores más reaccionarios. Era una forma de decir que hay que seguir en la pelea, que no te puedes relajar demasiado. - En este álbum se siente mucha agresividad, pero también mucho control y precisión. ¿Hoy la rabia se trabaja distinto que en los primeros años? ¿Menos impulso y más puntería? - Sí, puede ser. Igual ahora le damos más vueltas al tema musical. Al principio todo era mucho más espontáneo, más loco, más sin filtro. Cuando vas aprendiendo un poco más, también puedes caer en eso de pensar demasiado los temas y que pierdan algo de agresividad o de esa energía más salvaje. Pero sí, es verdad que ahora trabajamos más la música, eso está claro. También creo que sigue habiendo bastante ruido y bastante de todo, quizás ahora sonamos un poco más metal, y el metal siempre es un poco más preciso que el hardcore. Dentro de esa mezcla que hacemos entre hardcore, punk y metal, puede que ahora el metal tenga un poco más de protagonismo, y por ahí se nota esa mayor precisión. Pero al final nos gusta hacer las cosas bien, que todo funcione como una máquina. - En este último disco participaron de manera directa en la producción. Cuando producen su propio material, ¿es más difícil mantener la autocrítica o precisamente ahí está la libertad real de ustedes como banda? - Bueno, ahí quien se encarga sobre todo es Jimmy, el guitarrista, que además es quien hace casi toda la música y los temas. Al final él siempre dice que sabe perfectamente lo que quiere y cómo quiere sonar, y como también se ha dedicado a producir otros discos, termina siendo lo más lógico. Es un poco eso de "si yo sé lo que quiero, mejor me lo hago yo mismo". Te lo comes, te lo guisas y te lo meriendas. A mí personalmente siempre me ha parecido interesante trabajar con un productor externo, porque alguien desde afuera puede darte otra visión, aportar cosas que tú no estás viendo porque estás demasiado metido en tu propia idea. En los últimos discos trabajamos también con Tue Madsen, donde había una especie de coproducción y él se encargaba mucho de la masterización. Pero bueno, como ya somos perros viejos, tenemos bastante claro cómo queremos sonar y tampoco nos va mucho la aventura. A veces terminas tirando por eso de "más vale malo conocido que bueno por conocer". - Sus letras siempre han incomodado porque no buscan quedar bien con nadie. ¿Hoy cuesta más escribir desde la incomodidad en una época donde todo parece medirse por la aprobación inmediata? - La verdad es que a mí me da bastante igual la aprobación. Cuando haces una canción o quieres hablar de un tema, lo haces desde cómo tú lo ves y cómo lo sientes. A quien le parezca bien, perfecto, y a quien no, pues qué le voy a hacer, para gustos están los colores. Nunca hemos estado mirando eso ni pensando en agradarle a todo el mundo. Seguramente eso también nos ha llevado a más de un problema, por ser directos, por ser claros o por no ir con la corriente que se espera de la mayoría. Pero no miramos esas cosas. Hacemos las cosas a nuestra manera y al que le guste, perfecto. Y si no, pues hay muchísimo más por ahí para elegir. - Chile siempre ha tenido una conexión muy fuerte con ustedes. ¿Qué sienten que encuentra el público latinoamericano en sus canciones que quizás conecte de forma distinta que con la gente de Europa? - Sobre todo, lo primero, está el idioma. El público latinoamericano entiende perfectamente el mensaje, y eso es muy importante para nosotros. Por eso también en Europa tampoco es que toquemos demasiado, porque esa conexión del idioma influye mucho cuando quieres transmitir algo con las letras. Pero al final la realidad es bastante parecida, todos tenemos problemas similares. Hay lugares donde la situación está más dura o más complicada, pero hablamos de lo que vive la gente de la calle y hablamos el mismo idioma, no solo literalmente, sino también en la forma de expresarnos. Tenemos mucho en común, a todos nos llueven golpes de un lado o de otro, y supongo que esa conexión viene de ahí. Es más fácil que se entienda todo lo que queremos decir. Cantando en castellano, en otros lugares de Europa no siempre se capta tanto el mensaje. - Ahora van a compartir en el RockOut con bandas muy ligadas a la resistencia social y política. ¿Creen que festivales así siguen siendo espacios de contracultura real o el sistema ya aprendió a vender incluso la rebeldía? - Ahí tienes todos los ejemplos posibles, ¿no? Está claro que al final pasan esas cosas. Pero bueno, siempre está bien que existan festivales así, mejor eso que otro tipo de festivales. Al final es música, la gente va a pasar un buen rato y a desahogarse, y tampoco se puede esperar mucho más. Pero sí, cuando todo empieza a hacerse demasiado grande, el mensaje se empieza a desvirtuar y aparecen las contradicciones. Por eso siempre hay que sacar un poco la cabeza y darle sentido a lo que se hace. Al final esto también es una especie de comunión entre gente que comparte un mismo sentimiento, que disfruta la misma música, la misma forma de desahogarse, de decir cosas que importan y compartirlas. Pero sí, cuando la cosa crece demasiado, pierde un poco de esencia. Se desvirtúa, eso pasa. - Han visitado Chile varias veces y el país también ha vivido años políticamente intensos. Desde fuera, ¿cómo observan esa relación entre la música, la protesta y la memoria que existe acá en Chile y Sudamérica? - Siempre está bien, porque al final la música sirve justamente para eso. En los momentos difíciles es una forma de unir a la gente. Las canciones poco más pueden hacer, porque al final lo que realmente hay que hacer es pelear. La música es música, y sirve para desahogarte, para acompañar, para juntar a la gente en ciertos momentos. Siempre ha tenido relación con las luchas sociales, claro. Ha habido canciones que acompañan procesos, que marcan momentos importantes, y eso tiene mucho valor. Es importante, pero más importante todavía es no dejarse pisar. - Muchas generaciones nuevas descubren a la banda hoy no por nostalgia, sino porque sus letras siguen siendo exactamente igual de vigentes que cuando las compusieron. ¿Eso les produce orgullo o también cierta frustración al ver que tantos problemas siguen exactamente igual donde estaban? - Eso es triste, la verdad, muy triste. Hay canciones que piensas que ya podríamos sacar del repertorio porque deberían haber quedado atrás, pero resulta que ahora la situación está casi peor. Es increíble. Sí, gracias a eso hay gente nueva que conoce la banda y se siente reflejada en esas letras, porque la situación actual hace que muchos temas sigan completamente vigentes. Pero eso no significa que sea algo bueno, porque en realidad no hemos avanzado casi nada, incluso hay una regresión. Hay cosas que parecían superadas y de repente vuelven a estar en plena actualidad. Derechos que pensábamos conquistados ahora hay corrientes que quieren quitarlos otra vez. Eso produce más frustración que alegría. Es una pena que temas que deberían estar completamente superados sigan siendo actuales. Esa es la triste realidad de nuestra sociedad: damos dos pasos hacia adelante y cinco hacia atrás. - ¿Hay alguna canción del repertorio que sientas que resume mejor el momento actual de la banda y que debería escuchar primero alguien que nunca ha entrado al universo de ustedes? - Eso es muy relativo, porque también depende mucho de la época. Los temas nuevos suenan bastante distintos a lo que hacíamos antes, y somos una banda bastante variada según los años, así que elegir una sola canción no es tan fácil. Pero bueno, una que nunca ha dejado de tener sentido, incluso en este momento, podría ser 'Falsos Dioses'. Porque al final la religión sigue siendo una de las cosas que más nos está perjudicando. Miras a personajes como Trump, que parece que habla como si estuviera por encima del Papa, o todo lo que está pasando con Israel, donde justifican barbaridades diciendo que Dios les dio ese territorio porque son el pueblo elegido. Es increíble que todavía se siga gestionando así el mundo. Entonces, ahora mismo, te diría esa: 'Falsos Dioses'. - Después de tantos años enfrentando polémicas, censuras y etiquetas, ¿aprendieron a convivir con eso o todavía hay cosas que los siguen sorprendiendo? - Con las etiquetas, la verdad, ya me da un poco igual. Antes quizás molestaba más, porque a nadie le gusta que lo encasillen, pero con el tiempo terminas viéndolo casi como algo necesario. Dentro de la cantidad enorme de bandas que existen, al final sirve para que la gente pueda ubicarse un poco. Tampoco me quita el sueño que digan que somos más hardcore, más metal o más punk. Somos un batiburrillo de todo eso y tampoco hay una sola palabra que lo defina bien. Yo siempre digo que hacemos ruido, o meter caña, como se dice acá. Pero bueno, al final, para no estar perdido y para ubicar una banda dentro de un sonido o una intención, tampoco está tan mal. - Si Soziedad Alkohólika tuviera que definirse hoy con una sola idea, no un género ni un estilo, sino una convicción, ¿cuál sería? - Una convicción… siempre para adelante. No rendirse nunca. Nosotros ya tenemos experiencia, pero la idea sigue siendo la misma: meter guerra. Meter guerra musicalmente, líricamente y también con el mensaje. Esa es nuestra convicción, no dejar de meter guerra. - Finalmente, ¿qué esperas tú y qué debería esperar el público para esta presentación del fin de semana en el RockOut 2026? - Pues intentaremos hacer una buena liada y una buena fiesta. Vamos a tener una hora de show, que la verdad ya se nos queda un poco corta porque tenemos tantos discos que se hace complicado resumir todo en ese tiempo. Pero bueno, habrá un poco de todas las épocas, porque intentamos que el repertorio tenga ese recorrido. La idea es meter bastante guerra, que la gente disfrute, que haya ruido y compromiso. Al final, lo que buscamos es eso: una buena fiesta. Matias Arteaga S. Tags #Soziedad Alkohólika #Rockout Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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