Basement: Escribir desde la herida, permanecer en el eco Andrew Fisher, James Fisher y Duncan Stewart conversaron con Rockaxis Viernes, 12 de Junio de 2026 Publicado originalmente en revista Rockaxis #275, mayo de 2026. Un regreso que transforma la pausa en lenguaje y el silencio en memoria. Conversamos con Andrew Fisher, James Fisher y Duncan Stewart sobre el pulso íntimo de “WIRED” (2026) y una trayectoria donde la música se vuelve voz de lo no dicho. Karin Ramírez Fotos: Jake Foote «Para aprender a soltar aquello que duele, hay que sentir todo sin evadir». Así reza un comentario perdido en Reddit que resuena en tantas terapias como un mantra incómodo, porque sentir, en ciertos momentos no es un acto noble, es un acto de brutal honestidad y respeto a tu propia humanidad. «Hay un vacío en mi memoria entre 2023 y comienzos de 2025». La frase irrumpe como un eco compartido, una historia reconocible para quienes han sentido la asfixia de la depresión volviéndolo todo insoportable. La narración avanza y deja otra marca: «Basement, para mí, estuvo cuando no había fuerza para escuchar nada más. Cuando no podía ver a nadie más». Esa idea persiste, atraviesa experiencias, se instala en un lugar donde la música deja de acompañar y comienza a sostener. Allí, dejan de ser solo una banda y se vuelven presencia, refugio, y una forma de permanecer cuando todo lo demás empieza a desmoronarse. Hoy, con “WIRED”, la historia de Basement continúa expandiéndose. El quinteto británico no se mueve desde la urgencia de convertirse en la banda del momento, avanza con la convicción de que la música existe para otorgar sentido, para nombrar aquello que desborda, para escribir la complejidad emocional desde una crudeza que no necesita artificios. Renacer En la trayectoria de Basement nada aparece de manera fortuita. “WIRED” emerge desde otro pulso, desde la posibilidad de escribir sin urgencia, de una honestidad que busca decir aquello que no siempre encuentra lenguaje. «Hemos estado escribiendo por unos tres o cuatro años, desde finales del 2022. Tomamos un descanso de tres años, y en cuanto empezamos a hablar, empezamos a escribir. Así que, aunque quizás no todas las canciones se terminaron de inmediato, llevamos escribiendo mucho tiempo», comenta Andrew. La historia de este disco queda atravesada por la pausa, casi a contracorriente de una época marcada por lo efímero, donde la producción musical suele responder a lógicas inmediatas, a ritmos dictados por el marketing. En ese contexto, “WIRED” se construye desde otro lugar, desde un tiempo que se expande, que se tensiona, que permite que la reflexión madure hasta encontrar su forma. Sobre esto, Andrew confiesa que «queríamos tomarnos un año libre, pero luego llegó el COVID y un año se convirtió en tres sin darnos cuenta. Cuanto más esperas, más inseguro te sientes sobre cómo se sienten todos, pero nos pusimos de acuerdo y empezamos a escribir». Toda pausa arrastra sus propios riesgos y zonas grises. Esa detención también dejó huella en la trayectoria y en el vínculo interno de la banda. La suspensión del tiempo obligó a mirar hacia adentro, por lo que Duncan lo expresa con claridad: «Al ser una pausa forzada, nos hizo repensar las cosas sin darnos otra opción. Tuvimos que evaluar todo desde un punto de vista diferente. Tuvo un gran impacto en cómo vemos las cosas hacia adelante». Con ese pulso, la densidad de “WIRED” se profundiza. El disco se alimenta de expectativas acumuladas, de emociones en tránsito, de experiencias que decantan hasta encontrar forma. En Basement, el regreso se vive como una responsabilidad que orienta cada decisión. James lo deja entrever: «Queríamos reintroducirnos después de tanto tiempo. Queríamos que se entendiera por qué elegíamos qué canciones lanzar. Teníamos opciones y por eso escogimos ‘WIRED’ y ‘Broken by design’ como singles, porque buscábamos mostrar esa mixtura: una más pesada, otra más suave. Visualmente también queríamos eso, una más agresiva y otra más suave, para dejar claro que habrá más dinámica en el álbum. Va a haber algo en el lado más duro y algo en el lado más suave». Construcción de identidades suspendidas en el tiempo Para quienes respiran música, sostener un proyecto implica equilibrar oyentes, vigencia y permanencia, habitando el tiempo desde un espacio que puede ser total o íntimo, casi como un acto de resistencia cotidiana. En Basement, ese cruce entre necesidad y persistencia se vuelve esencial. Su origen no responde a certezas, se sostiene en la insistencia, en el deseo de permanecer incluso cuando todo alrededor parece inexistente. “I Wish I Could Stay Here” (2011) se inscribe como un registro fundacional que condensa esa lógica, más cercano a una huella emocional que a un punto de partida lineal, donde memoria y presente se entrelazan, y la temporalidad se vuelve difusa. Andrew lo sintetiza con precisión: «ese disco se siente como si hubiera sido hace una vida, pero a la vez como si fuera ayer. Estábamos escribiendo en una pequeña sala de ensayo en Ipswich, nuestra ciudad natal. Todo pasó de forma muy natural, sin intenciones locas. Simplemente las canciones fluyeron». La irrupción de Basement también se inscribe en lo visual. Una carátula que condensó una sensibilidad generacional y encontró en Tumblr el pulso de una época, donde lo alternativo se volvió identidad compartida. Andrew lo recuerda así: «Fue un accidente total. Nuestro amigo Alex estaba con Laura (la chica de la portada) tomando fotos en Irlanda. Él tenía diferentes imágenes en Photoshop, estaba revisándolas y, de repente, algo se movió, algo cambió la forma en que se veía la mochila y otros detalles. Dijo: “oh, eso es interesante”. Luego ella nos lo mostró y dijimos: “wow, esto es tan genial, es tan raro”. Es curioso, porque recuerdo que esa portada de disco era muy popular en Tumblr, cuando Tumblr era popular. Recuerdo que, de hecho, Frank Ocean la publicó en su Tumblr. Y yo pensé: “¿Qué?”. Fue un gran momento. No sé si eso habría pasado sin ese error extraño, sin ese accidente que ocurrió». Por su parte, James aporta una clave para comprender la dimensión narrativa del disco, situándolo en un terreno introspectivo y emocional: «Gran parte del disco es reflexivo. Es una forma muy bonita de describirlo. Recuerdo que Frank Ocean dijo algo así que era una sensación del momento, como mirar hacia una distancia gris. Pensé que era genial, lo entendió todo». Con ese peso a sus espaldas, la entrega de un segundo trabajo discográfico se instala como una necesidad casi inevitable, una instancia donde la continuidad adquiere forma bajo presión temporal y decisión creativa. Para Basement, ese proceso se articula desde una lógica interna que privilegia la experiencia por sobre cualquier cálculo externo, tal como lo señala Andrew: «Para “Colourmeinkindness” (2012) no intentamos hacerlo de una forma específica. Teníamos poco tiempo y sabíamos que nos tomaríamos un descanso después de grabarlo. Solo queríamos esforzarnos y escribir música que disfrutáramos. Simplemente sentí que estábamos tratando de construir sobre lo que teníamos y tratar de superarnos y escribir música que disfrutáramos». Desde ese impulso, Basement afila su lenguaje y construye un disco que se incrusta en la memoria de quienes viven el hardcore desde la médula. En ese pulso, ‘Breath’ abre una grieta, la posibilidad de sentir aquello que siempre fue callado, y la música deja al descubierto una herida que insiste en ser nombrada. Andrew lo expresa con claridad: «es como ser joven, sentir dolor y no saber cómo lidiar con eso. Hablaba con un amigo, pero sin entrar en detalles. Decía que estaba herido, que alguien me lastimó, y ya. Como hombres, es difícil hablar, especialmente a los 19 o 20 años. Escuchaba bandas que expresaban eso en su música y tenía sentido para mí. Pude usarlo como una forma de hablar de cosas que no me sentía cómodo diciendo». Por su parte, el easter egg del álbum se revela en ‘Covet’, una pieza que desde su origen ya contenía una potencia latente. En la lectura de Basement, la canción funcionaba como un hit en potencia, y en vivo se transformaba en un punto de condensación energética, un instante donde la intensidad del set alcanzaba su forma más nítida y se alineaba de inmediato con el pulso del público. Duncan lo sitúa con claridad: «Siempre la tocábamos y siempre fue una canción popular porque es muy pegadiza, siempre ha sido como la canción de cierre, incluso antes. Siempre estaba al final del set. Creo que siempre la consideramos una de las más populares. Luego, después de la pandemia, con todo lo de TikTok, vimos el cambio radical. Supongo que siempre supimos que era increíblemente pegadiza. Y luego sucedió, y realmente no se puede explicar cómo pasó. Supongo que simplemente tuvimos suerte». Ese tránsito deja al descubierto una mutación en la circulación musical, la viralidad expande el alcance sin diluir la esencia. ‘Covet’ abandona la intimidad de los shows y se proyecta en un espacio digital donde nuevas audiencias la reapropian y resignifican. Andrew lo recuerda desde esa sorpresa persistente: «La hemos tocado durante años y no entendía que gente fuera de los conciertos en sótanos conectara con ella. Empecé a verla en redes, en videos de personas lejos de la escena –en el gimnasio, en motos–, y me parecía extraño y gracioso. También sentí gratitud, porque nos acercó a mucha gente, a muchos jóvenes. Ahora tenemos fans menores de 18 gracias a TikTok, gracias a ‘Covet’. No lo planeamos. Sucedió entre bastidores y se volvió algo que no podíamos controlar. Fue genial». Decisiones, experiencias y aprendizajes La creación de un tercer trabajo discográfico se instala como un ejercicio de tensión sostenida, donde el tiempo se fragmenta entre giras, agendas y la necesidad de sostener la vida cotidiana. En Basement, ese cruce se convierte en una práctica de resistencia que redefine los ritmos de producción y concentra la energía creativa en espacios mínimos, dando forma a “Promise Everything” (2017). Andrew lo resume con precisión: «Desde luego, no fue fácil. Creo que este fue el momento con más limitaciones de tiempo; no necesariamente las más extremas, pero sin duda fue muy ajustado». La experiencia de grabación adquiere así una intensidad particular, marcada por la urgencia y la intermitencia, y más profundamente por la imposibilidad de habitar plenamente el proceso. Duncan lo recuerda desde esa dinámica fragmentada: «recuerdo que grabé mis partes en dos días y luego tuve que volver al trabajo, porque todavía teníamos que conservar nuestros empleos y todo ese tipo de cosas. Estuve allí dos días y luego volví a casa. La gente entraba y salía, y fue muy, muy intenso. Y luego la grabación y regrabación de “Promise Everything” también se hizo en un día». Esa intensidad no solo marca el ritmo de trabajo, también deja al descubierto las condiciones materiales desde las que se levanta el disco: espacios precarios, configuraciones incómodas, un proceso que obliga a aprender mientras ocurre. En Basement, la grabación se vuelve una experiencia límite, donde cada decisión se toma en medio del desgaste. Duncan lo recuerda así: «Fue una experiencia muy intensa. Estábamos haciendo malabarismos con los trabajos más que en cualquier otro momento. La configuración no era cómoda; era la primera vez en Londres y no teníamos un buen lugar donde quedarnos. Aprendimos de eso después. Es importante pensar dónde hacerlo y cómo, para tener un buen ambiente y aprovecharlo al máximo». Ese recorrido también abre la posibilidad de transformación, de expansión hacia nuevos horizontes, de una profesionalización que reconfigura las condiciones de creación. El paso desde el sello independiente Run For Cover Records hacia Fueled By Ramen (propiedad de Warner Music) para el lanzamiento de “Beside Myself” (2018), se instala como un punto de inflexión dentro de esa trayectoria, una decisión que amplía el campo de posibilidades y expone a la banda a escenarios inéditos. Duncan lo sintetiza desde una mirada reflexiva: «Sí. Personalmente, no me arrepiento de esa decisión porque nos lo pasamos muy bien haciendo ese disco. Esa mudanza nos brindó muchas oportunidades que la persona promedio no suele tener». La experiencia se inscribe como un proceso formativo que deja marca más allá de sus resultados inmediatos, un desplazamiento que expande horizontes y acumula memoria en el relato de Basement. Duncan lo sintetiza desde esa dimensión visceral: «puede que no haya funcionado a largo plazo, pero aprendimos mucho. Nos preparó para avanzar y nos dejó recuerdos increíbles: vivimos un mes en Los Angeles, en una casa de la discográfica, grabamos en un estudio muy bonito. Fue genial». En esa suma de tensiones y aprendizajes, la historia de Basement se afirma desde la persistencia de lo imperfecto y la convicción de que la música encuentra forma incluso en el desorden. Su recorrido se instala como una forma de permanencia guiada por una necesidad profunda de seguir diciendo y habitando lo humano desde el sonido. Cada disco y cada silencio dejan una huella que permanece en quienes la reconocen, mientras “WIRED” expande esa continuidad como un gesto vivo, donde la música se transforma en experiencia, memoria y un eco que insiste en permanecer. En ese gesto silencioso, Basement continúa haciendo lo que mejor sabe: quedarse. Tags #Basement #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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